lunes, 25 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (4)

Pedro C. (4)

A los pocos minutos, entraba un señor, con el pelo blanco, repeinado hacia atrás, con gafas de pasta, el portero le dijo, 
Señor Ordoñez, 
Si Antonio
Este joven, dice que empieza hoy en la imprenta y que le dijeron que preguntase por usted.
Como te llamas, me preguntó, 
Pedro Cañedo, 
De acuerdo, ya me había avisado el jefe de personal, que hoy te incorporabas, así que vamos.
Según subíamos por unas escaleras al fondo del túnel, girando a la izquierda, me tocan por detrás.
Pero tu que haces aquí- era Herminio, vecino del barrio, cuatro años mayor que yo.
El señor Ordoñez, me pregunta, ¿lo conoces?.
Yo le dije que si, que eramos vecinos y que había mas vecinos del barrio trabajando en La Región.
El señor Ordoñez, le preguntó a Herminio, ¿sabías que se incorporaba hoy?, 
No, le dijo Herminio, no tenía ni idea de que quisiera trabajar aquí.
Yo le dije, que no se lo había dicho a nadie, porque no quería que alguien pudiera pensar que entraba en esta empresa, porque conociese a alguien de dentro.

Cuando entramos en la imprenta, me pareció el paraíso, eso era lo que a mi me gustaría hacer el resto de mis días, fue amor a primera vista.

El encargado me dijo, allí al fondo a la izquierda, están las taquillas, coge una que veas libre, deja el abrigo y vuelve.

Los demás trabajadores, se estaban cambiando, unos llevaban bata, otros funda, entonces vi, a Suárez y a José Luis Cobelas, eran también del barrio.

Dejé el abrigo en la taquilla catorce, me dijeron que esa estaba libre, y me acerque al encargado para que me dijese por donde empezar.

Vamos a ver, lo que vas hacer, es sencillo, solo tienes que estar atento a lo que haces, son talonarios de caja para la librería.
José Antonio, este joven se llama Pedro, puede empezar perforando los talonarios de caja, si tiene alguna duda, le hechas una mano. Explícale como tiene que hacer.

José Antonio, era un joven delgado, alto y cara risueña, parecía buen chico, me dijo, mira, esta maquina es para hacer las perforaciones por donde luego se cortan los tíkes de caja.

Tu que eres ¿diestro o zurdo?, 
Diestro le dije, 
Entonces pones las hojas sin perforar a la izquierda, con la derecha metes de poco en poco, ya ves el hueco que hay, hasta que toque tope, en ese momento pisas el pedal, baja el peine de dientes de acero y perfora el papel.
Fíjate como hago yo, realizó la maniobra varias veces, según vayas perforando, tienes que darle la vuelta a los papeles, porque como ves, están numerados, así no se pierde el orden.
A ver ponte tu, despacio, sin prisa, nadie nace aprendido, ya iras cogiendo practica con el tiempo.

Enseguida cogí el tranquillo al asunto, iba despacio, pero seguro, lo que quería era hacerlo bien.

Poco a poco fui sintiéndome mas seguro, miraba lo que hacían los demás, Herminio estaba grapando los talonarios ya listos.

Suárez, en una maquina de imprimir manual, con la derecha metía las tarjetas y con la izquierda las sacaba. Me quedaba embobado viendo lo que hacían unos y otros.

A medida que iba perforando los tikes de caja, observaba el trabajo que hacían los demás y mas me gustaba donde me había metido.


Allí se creaba de la nada, desde una simple tarjeta de visita, un recordatorio de comunión o defunción, hasta un cartel, una revista, un catálogo o un libro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (3)

Pedro C. (3)

Me fui, pensando, que aquello se quedaría en nada. Como así lo pensaba, no le dije nada a nadie, para no despertar falsas expectativas.

Pasaron los días, llegaron las navidades, era veintinueve de diciembre, lunes, dos menos cuarto, acababa de llegar, íbamos comer, sonó el teléfono, lo cogió mi madre y me dijo
  • - Pedro, es para ti.
  • - Si, dígame
  • - Don Pedro, le llamo de La Región, hace unos días nos dejó sus datos para solicitarnos trabajo, esta ha sido tenida en cuenta, el puesto, sería de aprendiz en la imprenta. Y sería para empezar lo mas pronto posible.
  • - Interesar, si me interesa, pero como le comenté, en este momento estoy trabajando en otro sitio, y - como comprenderá, no puedo dejarles colgados de un día para otro.
  • Correcto, me parece bien, ahora vienen varios festivos y fines de semana, si no hay inconveniente por la empresa donde trabaja a fecha de hoy, sería un buen día para incorporarse, el lunes doce de enero. Si le parece bien, se presentaría a las ocho y veinte de la mañana, por la entrada en el número once, y pregunte por el señor Ordoñez, que es el encargado.
  • De acuerdo, si hubiese algún contratiempo, se lo comunicaría. Muchas gracias y Felices Fiestas.
Colgué el teléfono, me temblaban las manos, me senté a la mesa, mis padres y hermanos, ya estaban todos sentados, me miraban, con sus ojos me preguntaban por la llamada.
  • Bueno, acaban de hacerme un regalo de navidad, que no esperaba. Como sabíais, no estaba muy contento en la gestoría, hace unos días presenté una solicitud de trabajo en La Región. Acaba de llamarme el señor Dapena, responsable de personal, y empiezo el doce de enero en la imprenta.
  • Y por que no me dijiste nada, me dijo mi padre, al señor Dapena, lo conozco yo, te podía haber echado una mano.
  • Papa, ya ves que no hizo falta, y así mejor, nunca nadie podrá decir que entré por enchufe.
A mi jefe don José Timiraos, se lo dije aquella misma tarde, no pareció que le sentase especialmente mal, a pesar de la premura para conseguir otra persona que ocupe mi lugar.

Los días no daban pasado, tenía ilusión por empezar. Poco a poco se fue acercando el día.

Y por fin llegó, aquella noche no conseguí dormir, tenía miedo quedarme dormido.

Aún no eran las ocho cuando salí de casa, no sabía el tiempo que me iba llevar y no quería llegar tarde el primer día.

Eran las ocho y cuarto cuando llegué, baje el túnel de acceso, el portero, después supe que se llamaba Antonio, me preguntó que deseaba, le dije, que empezaba hoy a trabajar en la imprenta, y el señor Dapena, me dijo que preguntara por el encargado don Carlos Ordoñez.

domingo, 17 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (2)

Pedro C. (2)


Lo normal en estos casos es empezar por el principio. Es muy fácil decirlo, aunque no tan fácil hacerlo. Es una frase hecha, porque, ¿donde esta en realidad el principio de las cosas?. Incluso el nacimiento, no es el inicio de una historia, si tomamos en cuenta, como debe ser, las causas que desembocan en ese inicio.

Puestos en esta tesitura, no lo pensaré mas, y comenzaré por el momento en que decidí cambiar de trabajo.

Era diciembre, y aunque solo llevaba dos meses y medio trabajando en la Gestoria Timiraos, no me veía con futuro, quería enfocar mi vida profesional en otra dirección.

Varios de los amigos del barrio, ya llevaban años trabajando, el primer intento de cambiar de trabajo, fue en Almacenes Diéguez, era un negocio de venta de confección al por mayor.

Se encontraba un poco mas arriba de la delegación de Telefónica, en la antigua calle Capitán Eloy, hoy calle de la Concordia.

A media mañana había salido, como todos los días, a recoger el correo del apartado, y enviar las cartas que se habían preparado el día anterior. Al volver, me paré en los almacenes, antes mencionados, pregunté por el responsable, me llevaron a una pequeña oficina, había un encargado, de mediana edad, poco pelo, gafas para leer. Cuando entré, se quitó las gafas, me preguntó, que deseaba, dije mi nombre y que pedía trabajo, si necesitaban a alguien, me gustaría que contasen conmigo. Cuantos años tienes, estudios, y por que vienes aquí a pedir trabajo, en fin lo normal en una entrevista de trabajo.

Después de contestar a sus preguntas, me dijo, que quizá, si no me importaba, cabía la posibilidad de que me diesen trabajo, si no tenía inconveniente en salir con una carretilla de dos ruedas por la calle, para llevar pedidos a los clientes.

Le dije, que lo pensaría, y le daría contestación, al día siguiente. La verdad, que no me interesaba, mal por mal, prefería seguir en la gestoría.

Al día siguiente, era martes, diez y seis de diciembre, de mil novecientos sesenta y nueve, a media mañana, como el día anterior, al volver de Correos, entré en la librería de La Región, en la entonces Cardenal Quiroga, hoy calle Alejandro Outeiriño. Allí trabajaban varios amigos y vecinos del barrio. Pregunté por el responsable de personal. Me dijeron que subiera al primer piso, y pregunte por señor Dapena.

Estaba al final de una sala llena de mesas. Le pregunté para asegurarme
  • - Señor Dapena?
  • - Si dime.
  • - Me llamo Pedro Cañedo, trabajo actualmente en la Gestoria Timiraos, desde octubre de este año. Quisiera cambiar de actividad laboral, por lo que desearía dejarle mis datos, por si en algún momento tuvieran algo que se ajuste a mis cualidades.

Me dio una hoja en blanco, un bolígrafo y me dijo, pon ahí tus datos, estudios y un teléfono de contacto. Así lo hice, y cuando lo tuve se lo entregué. Entonces me dijo, que si algo aparece, ya se pondrían en contacto conmigo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (1)

Pedro C.
(1)
Nunca hubiera pensado que acabaría rodeado de la mas tensa soledad, mi vida fue extrovertida, siempre rodeado de amigos, compañeros de trabajo y alguna novieta que otra.

En algún momento, no sé si fue el adecuado, decidí compartir mi vida, ahora paso revista a mis recuerdos, y creo, que si hubo algo que mereciese la pena, fruto de esa convivencia, fue el hecho de tener un hijo, y mas, ahora que me dio un nieto. Pienso que al final no debió de ser tan malo, cuando tengo los abrazos de mi nieto.

Esos abrazos son recargas para poder seguir palpitando mi corazón, oxigeno que llenan mis pulmones. Es triste, pero es verdad, solo recuerdo esa sensación de relax y paz cuando mi hijo era pequeño, lo cogía en brazos para que se durmiera, le cantaba como un susurro, canciones infantiles, y mirar aquellos ojitos, mirándome medios entornados, que al cabo de unos minutos se cerraban. Solo mi hijo me dio algún que otro momento que al recordarlo aún siento que mis ojos se humedecen.

Si mi mujer me abrazaba, era por que yo la había abrazado antes, ahora pienso que nunca nadie me dijo, te quiero, lo mas cerca que estuve de oírlo, era cuando yo lo decía, y me contestaba, yo también.

Me he aficionado a cualquier programa que tenga algo que ver con los sentimientos, y cuando veo a una pareja decirse, te quiero, mirándose a los ojos, siento nostalgia, y una profunda tristeza, por que yo nunca sabré que se siente cuando alguien te lo dice, mirándote a los ojos, no se, quizá no sea el tipo de personas que por alguna razón no deban ser queridas, tendré algo en mi forma de ser, que yo no se y nadie me lo dijo, que provoca esa situación.

Cuando estoy solo, que ahora son muchos días, y simplemente veo en la televisión a una pareja de ancianos paseando por un parque agarrados de la mano, me provoca tal ternura y que yo nunca lo podré hacer, que no puedo evitar que por mis mejillas corra alguna lagrima que otra.

Pero en fin. De vez en cuando hay que soltar lastre mental, para que el navegar por la vida, sea lo mas liviano posible.

No se como empezar mi historia, pero siento que debo escribirla, las imágenes se amontonan en mi memoria y creo que debo darles salida, si no explotaría.

Eran mas de las doce de la noche, me sentía solo, pero la cabeza no dejaba de dar vueltas. Los recuerdos se agolpaban como una presa a punto de desbordar, sentía que tenía que abrir el aliviadero.

Así que ahora toca escarbar en el disco duro y rememorar viejas vivencias. En lo sentimental, tuve cinco parejas y con la quinta me casé, el matrimonio duró treinta y cinco años y fruto de el, fue un hijo.

En lo laboral fueron mas de cuarenta años, tres puestos de trabajo, ganados a pulso, mi máxima era, primero demuestra, después pide.


Un lunes doce de enero de mil novecientos setenta, a las ocho y veinte, comenzaba mi aventura laboral. Apenas tenía catorce años, hoy no podría trabajar, ahora hay que tener dieciséis años para poder empezar en el mundo laboral.

CONTINUARÁ

lunes, 9 de octubre de 2017

VERANOS INOLVIDABLES

Pedro C.

Con seis, siete, ocho años y durante algunos años mas, en la década de los sesenta y parte de los setenta, pasaba si no todo el verano, parte en Astorga con mis abuelos.

Que recuerdos, ahora con la perspectiva que dan los años pasados, veo aquellos veranos como un regalo para mi memoria.

Ayudar a mi abuelo, aunque no lo necesitase, él me lo pedía, dándome a entender que si no fuese por mi, el no podría afeitarse, colocarse el fajín, arreglar el bigote para que no se le meta en la boca, y mas cosas que se le podrían ocurrir, ahora me doy cuenta que solo lo hacía para tenerme cerca.

No sé como sería con los demás primos, y no son pocos, ellos también me hacen saber sus buenos recuerdos, pero yo sigo pensando egoistamente que mi relación con él era especial.

Ayudaba a mi abuela a despellejar al conejo, ahora diréis que es una salvajada. Maltrato animal o lo que se os ocurra, pero cuando me ponía mi abuela el plato los domingos, de conejo con arroz, hecho en cocina de leña, poco a poco, absorbiendo los diferentes sabores, era un ritual, los domingos tocaba conejo o pollo. Ahora se compran ya limpios y envasados en el supermercado, antes se criaban en casa.

Había un vecino de mi edad, pasábamos todas las horas que podíamos juntos, su padre estaba de lunes a viernes fuera, era minero, cuando venia el fin de semana, nos llevaba a coger ranas, en Astorga es plato típico las ancas de rana, y en otras ocasiones a cazar pajaritos, luego se limpiaban y se comían asados. Hay que ponerse en los años a los que refiero estos recuerdos.

Entonces no había apenas construcciones, y tanto por ranas como por los pajaritos íbamos a la zona de la Eragudina o por las proximidades de la plaza de toros, fue levantada por el pueblo a finales del siglo diecinueve, con las piedras del antiguo castillo de los marqueses de Astorga.

Alguna vez iba con mis primos y alguno de mis tíos, al cine, recuerdo el cine Gullón, el Capitol o el cine Velasco, el mas antiguo y por suerte el que aun sobrevive.

Cuando salia con mis tíos de bares, los peques tomábamos el butano, para el que no lo sepa, era un vasito de refresco de naranja, en realidad a mi lo que me prestaba era el pincho, ancas de rana, tortilla picante, y alguno mas, que recuerdos.

Ahora viene a mi memoria la grabación del documental sobre el homenaje al poeta de Astorga, Leopoldo Panero, el veintiocho de agosto de mil novecientos setenta y cuatro, allí estaba yo, se estrenó dos años después. Fue dirigido por Jaime Chavarri, y se titula “El Desencanto”.

Recuerdo algunas cafeterías de la época, la que estaba mas cerca de la casa de mis abuelos era Cuatro Caminos, la última vez que estuve en Astorga, el edificio ya no existe. En la zona centro, había varias cafeterías, alguna era mas frecuentada por los oficiales del cuartel, otras por la sociedad mas pudiente de la ciudad.

Cuando vuelvo, pasados los años, recorro sus calles, paseo por la muralla, y no sé por que siento una extraña sensación, mezcla de sentimientos, tristeza por los que ya no están, y alegría por que vuelvo a ser aquel niño, abstraído en mis recuerdos. Tengo que reconocer que en alguna ocasión la lagrima rodó por mi mejilla.


Sueño con volver, siento que debo visitar la ciudad de Astorga, es cuestión de salud, cuando estoy lejos, me invade la morriña.  

EL FUTURO. HOY

Pedro C.

Poco a poco siento que voy aparcando el pasado y pensando mas en el presente, el futuro no me asusta, lo que tenga que pasar, pasará.

Tras una infancia feliz y una adolescencia normal para la época que me tocó vivir. Siete años de educación en colegio religioso, en los años sesenta, con todo lo que ello supone, pero me quedo con los buenos recuerdos, que fueron muchos.

El primer puesto de trabajo, aunque duró poco, apenas tres meses, me enseñó como funcionan los organismos oficiales por dentro. Luego el segundo y definitivo puesto de trabajo, aunque intenté hasta en tres ocasiones buscar otra salida laboral, pero sin mucho empeño, por que en realidad estaba bien donde estaba.

Con diez y seis años quise entrar voluntario en las fuerzas aéreas, estuve dos días en la base Virgen de Loreto en León, no hubo suerte, me dijeron que estaba aprobado pero fuera de plaza, que lo volviera intentar al año siguiente. Pero tomé la decisión de que ya que no me querían voluntario, tampoco iría forzoso, y así fue cuando por la edad tenía que incorporarme al servicio militar, alegué deficiencia visual, me mandaron al hospital militar de A Coruña, me hicieron la revisión que consideraron oportuno, al cabo de unos días, me enviaron una notificación en la que me consideraban no apto para el servicio militar.

El siguiente intento fue años después, un examen en el centro de formación profesional de Pozo de san Raimundo en Madrid, para motorista de campo de la compañía Iberia. Lo cierto es que no me lo tomé en serio porque me encontraba bien económicamente en la empresa en la que estaba y así mismo en mi vida personal. No recuerdo ni lo que me decían en la carta que me enviaron.

La tercera y última ocasión que pensé en la posibilidad de salir de la empresa, fue unas oposiciones a las que me presenté, eran para funcionario de correos, pasé el examen médico aquí en Orense, en la antigua delegación de sanidad de la avenida de Zamora, pero luego ya no me presenté a las siguientes pruebas, la verdad es que no sé si hubiese llegado a ser funcionario o no. La razón vuelve a ser la misma que en anteriores ocasiones, estaba bien en el ámbito laboral y sentimental, consideré que no iba a mejorar mi situación económica, por lo que no merecía la pena empezar de cero.

En el aspecto sentimental, no me puedo quejar a pesar de la situación actual. Tuve varias parejas antes de la que luego fue mi esposa y madre de mi hijo, el matrimonio duró treinta y cinco años, momentos buenos y malos, simplemente se acabó y me quedo con el fruto de un hijo, que no hay precio que pague ese tesoro, así como los buenos recuerdos de la convivencia, que no son pocos.


Ahora llegamos al presente, y el presente es el día a día, y el pasado, pasado está. No quiero cargar con mochila que lastre mi viaje de aquí en adelante y el futuro se irá escribiendo según vaya siendo presente y pasado.

viernes, 14 de julio de 2017

CAÑEDO. Esta vez en Ourense.

Pedro C.

Ya pasó, tanto tiempo esperando que llegase el día, tantos nervios, preparativos, llamadas, mensajes o visitas en persona, pero llegó y pasó.

Fue el pasado 24 de junio, san Juan, era sábado, a partir de las once la mañana, fueron llegando, pero perdidos por la ciudad, total, eran las doce, cuando empezamos a juntarnos.

El plan inicial era, que si llegaban con tiempo, cogeríamos el tren turístico, que nos llevaría por el centro de la ciudad, con final en las termas de Outariz. No pudo ser, cuando por fin estábamos juntos, el trenecito, se había ido.

No pasa nada, nos fuimos de recorrido por la plaza mayor, catedral, casco viejo y las Burgas. Para el tiempo que pasaron en nuestra ciudad, aquellos que nunca la habían visitado, espero que lo poco que vieron, le haya gustado.

A las dos de la tarde, nos fuimos acercando poco a poco al restaurante, “Pulperia A Feira”. El local reservado , muy bonito, en principio, cuarenta y tres, al final cuando ya estábamos todos sentados, cuarenta y seis adultos y tres menores.

Lo típico del restaurante, de la ciudad, así como lo solicitado por la mayoría, empezó el menú con pulpo a feira y croquetas de jamón. Siguió plato principal, variado, según el gusto de cada uno. Diferentes postres, café y chupitos.

Pero lo mejor, el ambiente, la alegría, conversaciones, compartir recuerdos, contar como te va en la vida, etc.

De Astorga, de Madrid, las héroes de Barcelona y los de aquí, Ourense. Esta ciudad acogió la segunda reunión familiar de los descendientes del ti Cañedo y la señora Florentina.

Tras la comida, nos trasladamos a la terraza del Bolavai, propiedad de Patri y familia, cerrado aquella tarde para la reunión.

Continuó el buen ambiente, fueron obsequiados con un recuerdo en forma de llavero, impreso con la fecha y el escudo de los Cañedo.

Tendremos otras reuniones, de hecho ya se apuntó la posibilidad, de que el próximo año sea en verano, para que pueda coincidir con las vacaciones anuales de la mayoría, sobre todo facilitar el desplazamiento de las que residen en Barcelona, y puedan acudir sin agobios de tiempo, dada la distancia.

Lo importante es seguir en contacto, porque:

El apellido, es vinculo de unión
pero no es solo eso, un apellido,
es historia, recuerdos, y mucho de cariño.
Que permanezca en la memoria,
el orgullo del apellido,
que aún siendo su orden
el primero o el cuarto,
no caiga en el olvido.

jueves, 22 de junio de 2017

AHORA TODO ESTÁ BIEN

Pedro Cañedo

De vez en cuando hay que soltar lastre mental, para que el navegar por la vida, sea lo mas liviano posible.

No se como empezar mi historia, pero siento que debo escribirla, las imágenes se amontonan en mi memoria y creo que debo darles salida, si no explotaría.

Eran mas de las doce de la noche, me sentía solo, pero la cabeza no dejaba de dar vueltas. Los recuerdos se agolpaban como una presa a punto de desbordar, sentía que tenía que abrir el aliviadero.

Así que ahora toca escarbar en el disco duro y rememorar viejas vivencias. Fueron mas de cuarenta años, tres puestos de trabajo, ganados a pulso, mi máxima era, primero demuestra, después pide.

Un lunes doce de enero de mil novecientos setenta, a las ocho y veinte, comenzaba mi aventura laboral. Apenas tenía catorce años, hoy no podría trabajar, ahora hay que tener diez y seis años para poder empezar en el mundo laboral.

Lo normal en estos casos es empezar por el principio. Es muy fácil decirlo, aunque no tan fácil hacerlo. Es una frase hecha, porque, ¿donde esta en realidad el principio de las cosas?. Incluso el nacimiento, no es el inicio de una historia, si tomamos en cuenta, como debe ser, las causas que desembocan en ese inicio.

Puestos en esta tesitura, no lo pensaré mas, y comenzaré por el momento en que decidí cambiar de trabajo.

Era diciembre, y aunque solo llevaba dos meses y medio trabajando en la Gestoria Timiraos, no me veía con futuro, quería enfocar mi vida profesional en otra dirección.

Varios de los amigos del barrio, ya llevaban años trabajando, el primer intento de cambiar de trabajo, fue en Almacenes Diéguez, era un negocio de venta de confección al por mayor.

Se encontraba un poco mas arriba de la delegación de Telefónica, en la antigua calle Capitán Eloy, hoy calle de la Concordia.

A media mañana había salido, como todos los días, a recoger el correo del apartado, y enviar las cartas que se habían preparado el día anterior. Al volver, me paré en los almacenes, antes mencionados, pregunté por el responsable, me llevaron a una pequeña oficina, había un encargado, de mediana edad, poco pelo, gafas para leer. Cuando entré, se quitó las gafas, me preguntó, que deseaba, dije mi nombre y que pedía trabajo, si necesitaban a alguien, me gustaría que contasen conmigo. 

Cuantos años tienes, estudios, y por que vienes aquí a pedir trabajo, en fin lo normal en una entrevista de trabajo.

Después de contestar a sus preguntas, me dijo, que quizá, si no me importaba, cabía la posibilidad de que me diesen trabajo, si no tenía inconveniente en salir con una carretilla de dos ruedas por la calle, para llevar pedidos a los clientes.

Le dije, que lo pensaría, y le daría contestación, al día siguiente. La verdad, que no me interesaba, mal por mal, prefería seguir en la gestoría.

Al día siguiente, era martes, diez y seis de diciembre, de mil novecientos sesenta y nueve, a media mañana, como el día anterior, al volver de Correos, entré en la librería de La Región, en la entonces Cardenal Quiroga, hoy calle Alejandro Outeiriño. Allí trabajaban varios amigos y vecinos del barrio. Pregunté por el responsable de personal. Me dijeron que subiera al primer piso, y pregunte por señor Dapena.

Estaba al final de una sala llena de mesas. Le pregunté para asegurarme
  • - Señor Dapena?
  • - Si dime.
  • - Me llamo Pedro Cañedo, trabajo actualmente en la Gestoria Timiraos, desde octubre de este año. Quisiera cambiar de actividad laboral, por lo que desearía dejarle mis datos, por si en algún momento tuvieran algo que se ajuste a mis cualidades.
Me dio una hoja en blanco, un bolígrafo y me dijo, pon ahí tus datos, estudios y un teléfono de contacto. Así lo hice, y cuando lo tuve se lo entregué. Entonces me dijo, que si algo aparece, ya se pondrían en contacto conmigo.

Me fui, pensando, que aquello se quedaría en nada. Como así lo pensaba, no le dije nada a nadie, para no despertar falsas expectativas.

Pasaron los días, llegaron las navidades, era veintinueve de diciembre, lunes, dos menos cuarto, acababa de llegar, íbamos comer, sonó el teléfono, lo cogió mi madre y me dijo
  • - Pedro, es para ti.
  • - Si, dígame
  • - Don Pedro, le llamo de La Región, hace unos días nos dejó sus datos para solicitarnos trabajo, esta ha sido tenida en cuenta, el puesto, sería de aprendiz en la imprenta. Y sería para empezar lo mas pronto posible.
  • - Interesar, si me interesa, pero como le comenté, en este momento estoy trabajando en otro sitio, y - como comprenderá, no puedo dejarles colgados de un día para otro.
  • Correcto, me parece bien, ahora vienen varios festivos y fines de semana, si no hay inconveniente por la empresa donde trabaja a fecha de hoy, sería un buen día para incorporarse, el lunes doce de enero. Si le parece bien, se presentaría a las ocho y veinte de la mañana, por la entrada en el número once, y pregunte por el señor Ordoñez, que es el encargado.
  • De acuerdo, si hubiese algún contratiempo, se lo comunicaría. Muchas gracias y Felices Fiestas.

Colgué el teléfono, me temblaban las manos, me senté a la mesa, mis padres y hermanos, ya estaban todos sentados, me miraban, con sus ojos me preguntaban por la llamada.

CONTINUARÁ

sábado, 13 de mayo de 2017

LIBRE EN MI SOLEDAD

Pedro C.

Disfruto de mi soledad
y ahora la entiendo.
Ella me da la libertad
y por eso la defiendo.
Ahora puedo hablar,
ahora puedo escribir,
ahora puedo pensar,
ahora puedo vivir.
No alabo la soledad
si te acompaña el amor,
y si te da sosiego y paz,
escucha a tu corazón.
Si no te puedes compartir,
no te escondas en la soledad,
sal a respirar y vivir,
y disfruta de tu libertad.


Todo empieza y todo acaba,
para mi es fácil decidir.
Yo lo cree, lo mantuve y compartí,
pero nadie se interesó,
nadie se involucró.
Por lo tanto, la decisión es mía,
la agonía es en el tiempo, limitada,
el óbito seguro.
No quiero flores,
ni palabras de despedidas.
Sólo, adiós.


No tengo animales que cuidar,
ni hijos que criar.
Por no tener, no tengo
ni un tiesto que regar.
Siento que ya tengo todo hecho,
ahora que mas puedo esperar.
Al último tren, que me ha de llevar a ese lugar,
destino sin retorno, remanso de paz.
No sufrir mi marcha,
por que tengo mi conciencia tranquila.
Cuando tuve que querer,
quise de verdad.
Aunque nunca me sentí querido, como yo quise.
Pero no importa, mi felicidad es dar,
y ahora quiero, y si puedo,
daré a otros un soplo de vida.
¿Soy acaso egoísta,
por querer ser feliz?


No fui feliz todo el tiempo,
pero durante un tiempo, si fui feliz.





martes, 4 de abril de 2017

SIN TRISTEZA

Pedro C.
La mano en la barbilla, el ceño fruncido, la mirada perdida en el infinito, el flequillo despeinado sobre la frente, como os podéis imaginar, no hablo de mi, obvio.


Su imagen trasmitía tristeza. Que podía estar pasando por su mente, no quería compartir sus razones, para tal estado de ánimo.

Es igual, no estoy dispuesto a permitir que me afecte. Es bueno que cada día sea una primavera luminosa. Hace tiempo, tomé la decisión de que cada día, me acostaría sin problemas en mi cabeza.

Ahora duermo relajado, ya no tomo ansioliticos. Despierto cada mañana con una sonrisa, no recuerdo anteriormente este estado de ánimo.

Sigo teniendo los amigos de la infancia, y algunos mas, que se fueron adhiriendo en el trascurso de mi larga vida laboral.

No recuerdo un solo día, en que tuviera que apurar el paso por tener prisa. Si quedo con alguien, y voy retrasado, no pasa nada. Lo llamo y le advierto de mi tardanza. Solucionado, no dejo que me agobie el reloj.

Las tertulias, son intrascendentes. Arreglamos los problemas del país. Contamos batallas, exagerando un poco, solo por el placer de hacerlas mas amenas. Todo lo damos por bueno, el objetivo, es el placer de la compañía, el vernos de vez en cuando.

Atrás queda el triste con sus problemas. Ya no se hacen planes a largo plazo, mi objetivo es el día a día, como dije antes, irme a dormir sin problemas.

Aquel del flequillo, hoy no soy yo, porque mi vida es otra, pero en el pasado yo también tuve flequillo, y en el pasado se queda.

Hoy es cuatro del cuatro, cumpleaños de una persona, con la que en su momento, tuve una buena relación, ahora cuando me la cruzo, tuerce la cabeza, para no tener que saludar, aún no sé la razón de tan extraño comportamiento.

Es una persona triste, y ya no quiero gente así a mi lado.


lunes, 6 de marzo de 2017

JUBILADO, MI PRIMER AÑO

Pedro C.

Un año ya jubilado, como pasa el tiempo, que lejos quedan los más de cuarenta años trabajados. Tenía catorce años cuando empecé, no tenía ni carnet de identidad, no había dado mi primer beso. Cuantas vivencias desde entonces.

Miro hacia atrás, y cuantos errores, si pudiera volver, cuantas cosas cambiaría. Quien diga, que no se arrepiente de nada, miente. Situaciones más grandes o más pequeñas, que seguramente, si tuviéramos la oportunidad, lo haríamos de otra manera.

Ahora bien, en función de los resultados, doy por bueno, las metas alcanzadas. Si modificamos el pasado, alteramos el futuro, y de lo que si no me arrepiento, es del fruto del pasado.

Hay que ser consecuente con lo conseguido, a pesar de que esto suponga, dejar sueños por el camino.

Volviendo a la primera frase, un año ya jubilado, he de decir, que da una tranquilidad no tener horarios, no tener jefes, que su única labor, es amargarte la vida. Lo primero que hice, fue dejar el reloj en la mesilla de noche. Al cerrar los ojos, para dormir, no tengo que pensar lo que tengo que hacer mañana. Si acaso, con quien y donde tomar un café.

Una de las consecuencias de mi jubilación, fue cambiar el vestuario, ahora son tres tallas más. Me cambió el ritmo del día a día, cuando voy algún sitio, no tengo prisa, si llego diez minutos tarde, no pasa nada.

Cuantas vivencias, desde aquel doce de enero de mil novecientos setenta, hasta el doce de octubre de dos mil once. Los primeros meses no fueron fáciles, pero todo pasa, y poco a poco se fue asimilando la situación. Hoy no cambio mi estatus, por ninguna etapa de mi vida laboral.

Lo mejor que me llevo de mi vida laboral, son las amistades que se crearon con el trato diario. Algunos solo fueron compañeros, pero a otros, si los considero amigos.

No sé lo que puedan opinar de mí por detrás. Seguramente que habré cometido errores, y me habrán puesto verde, pero no me importa. Lo que me quitaría el sueño, sería si en algún momento, hubiese hecho algo, con intención de hacer daño deliberadamente a alguien. Al respecto tengo la conciencia muy tranquila.

Si me pidieron mis jefes opinión sobre compañeros, para así facilitar su despido, y cuando dije lo que pensaba, se enfadaban conmigo, porque no decía lo que ellos querían oír. Una vez y otra, fueron sumando puntos negativos en mi cuenta, lo que provocó una persecución, rayando el mobbing, desembocando finalmente, en el despido.

A la vista de los últimos años vividos en la empresa, doy por bueno el acuerdo alcanzado para mi salida, de lo contrario lo pagaría mi salud.

Un año ya jubilado y que bien duermo.


domingo, 12 de febrero de 2017

NUESTRO CIUDADANO

Pedro C.

Como diría Charles Kane, personaje protagonista de aquella gran película de  Orson Welles “Ciudadano Kane”, “es mío y se publica lo que yo digo, y si tú no quieres, trae una máquina de escribir, y yo mismo escribiré lo que tiene que salir publicado”.

No sé si todo el que debería verla la vio, pero parece que debió ser la biblia de alguno, aunque adaptada a su interés, ignorando la interpretación real de la historia.

En otra escena, hacen referencia a la soledad del poder, alguien comenta “en el fondo me da lástima”, es triste que quien le ríe las gracias, sea solo por miedo, interés o necesidad. Miedo, porque si tienes un cargo público o una empresa, puede utilizar el quinto poder lo mismo para encumbrar, que para hundir. Interés, aquél que por una sonrisa oportuna, consigue engordar su cuenta corriente.  Necesidad, tienes que tragar, porque dada la situación laboral, no puedes arriesgarte a quedarte en el paro si tienes una cierta edad o hijos pequeños que sacar adelante.

Lo malo de esto, es que sabiéndolo, maneja los sentimientos de los demás a su antojo, sin pararse a pensar las consecuencias que provocan sus acciones. Claro, esto sería tener conciencia, y esta clase de personas, creen que tener conciencia es síntoma de debilidad.

Ampararse en el poder que tiene la propiedad de un medio de comunicación, no da la impunidad para llevar a cabo lo que a uno le apetece, y más si con ello arrastra al lado oscuro de la luna, como diría un fiel colaborador de prensa local, a padres de familia o a trabajadores en el borde de la jubilación.

La verdad es que si no vio la película, sería el personaje ideal de una interesante historia. Aunque mejor sería que la viese, y sacase conclusiones positivas.


jueves, 26 de enero de 2017

DOÑA AMADORA



Como complemento a lo anteriormente publicado, comparto con todos vosotros esta preciosa foto, que me facilitó Manuel Salgueiros.




miércoles, 25 de enero de 2017

MI PRIMERA ESCUELA

Pedro C.

De pronto te vienen flases a la memoria. Cierras los ojos, y ves en tu interior aquellos momentos del pasado. Me veo con cuatro años en el salón de doña Amadora. Aquel día venia un inspector de enseñanza. La profesora me da un ejemplar de La Región, entonces eran tamaño sábana, me dice que vaya practicando, que luego le tendría que leer algo a un señor que iba a venir.

Cuando llegó el inspector, quería ver los avances de los alumnos. Doña Amadora me puso como ejemplo, pues al ser el más pequeño, si lo hacía bien, que no podrían hacer los mayores.

Así como otras situaciones posteriores no soy capaz de recordar con nitidez, lo que ocurrió aquel día, lo recuerdo como si estuviera viendo una película.

Doña Amadora, me sentó en sus rodillas, desplegó delante de mi aquel enorme periódico, me dijo, a ver como le lees al señor inspector las noticias del día.

Era un mocoso de cuatro años, pero si algo me gustaba, era desde que aprendí las primeras letras, leer todo lo que caía en mis manos, y el periódico que entraba en mi casa con cierta regularidad, lo que mas me atraía.

Leí de corrillo, con entonación, y haciendo las pausas correspondientes, el hombre quedó gratamente impresionado, me felicitó, poniéndome como ejemplo para los demás, al marchar, la profesora, me dio dos pesetas como premio.

Estamos hablando del año mil novecientos cincuenta y nueve, dos pesetas para mi era una fortuna, cuando se lo dije a mi madre, recuerdo que además de felicitarme, me preguntó, ¿y que vas hacer con tanto dinero?.

Comprar dos tebeos de Hazañas Bélicas, y diez natillas, así lo disfrutamos mis hermanos y yo.

Son tonterías, dirá alguien, pero para aquellos que vivieron momentos singulares, sabrán apreciar recuerdos infantiles, que de alguna manera marcaron el futuro.

Visto como se desarrolló mi vida laboral, quien iba a pensar que todo empezó con cuatro años, aprendiendo a leer con ejemplares tamaño sábana de La Región.

Las cuatro estaciones

 Pedro C. No escondas tus sentimientos, siente como corre por tus venas la florida primavera ,   y vive tus momentos. La piel tostándose al ...