Un año ya jubilado, como pasa el tiempo,
que lejos quedan los más de cuarenta años trabajados. Tenía catorce años cuando
empecé, no tenía ni carnet de identidad, no había dado mi primer beso. Cuantas
vivencias desde entonces.
Miro hacia atrás, y cuantos
errores, si pudiera volver, cuantas cosas cambiaría. Quien diga, que no se
arrepiente de nada, miente. Situaciones más grandes o más pequeñas, que
seguramente, si tuviéramos la oportunidad, lo haríamos de otra manera.
Ahora bien, en función de los
resultados, doy por bueno, las metas alcanzadas. Si modificamos el pasado,
alteramos el futuro, y de lo que si no me arrepiento, es del fruto del pasado.
Hay que ser consecuente con lo conseguido,
a pesar de que esto suponga, dejar sueños por el camino.
Volviendo a la primera frase, un
año ya jubilado, he de decir, que da una tranquilidad no tener horarios, no
tener jefes, que su única labor, es amargarte la vida. Lo primero que hice, fue dejar
el reloj en la mesilla de noche. Al cerrar los ojos, para dormir, no tengo que
pensar lo que tengo que hacer mañana. Si acaso, con quien y donde tomar un
café.
Una de las consecuencias de mi
jubilación, fue cambiar el vestuario, ahora son tres tallas más. Me cambió el
ritmo del día a día, cuando voy algún sitio, no tengo prisa, si llego diez minutos
tarde, no pasa nada.
Cuantas vivencias, desde aquel
doce de enero de mil novecientos setenta, hasta el doce de octubre de dos mil
once. Los primeros meses no fueron fáciles, pero todo pasa, y poco a poco se fue
asimilando la situación. Hoy no cambio mi estatus, por ninguna etapa de mi vida
laboral.
Lo mejor que me llevo de mi vida
laboral, son las amistades que se crearon con el trato diario. Algunos solo
fueron compañeros, pero a otros, si los considero amigos.
No sé lo que puedan opinar de mí
por detrás. Seguramente que habré cometido errores, y me habrán puesto verde, pero
no me importa. Lo que me quitaría el sueño, sería si en algún momento, hubiese
hecho algo, con intención de hacer daño deliberadamente a alguien. Al respecto
tengo la conciencia muy tranquila.
Si me pidieron mis jefes opinión
sobre compañeros, para así facilitar su despido, y cuando dije lo que pensaba,
se enfadaban conmigo, porque no decía lo que ellos querían oír. Una vez y otra,
fueron sumando puntos negativos en mi cuenta, lo que provocó una persecución,
rayando el mobbing, desembocando finalmente, en el despido.
A la vista de los últimos años vividos
en la empresa, doy por bueno el acuerdo alcanzado para mi salida, de lo
contrario lo pagaría mi salud.
Un año ya jubilado y que bien
duermo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario