jueves, 22 de junio de 2017

AHORA TODO ESTÁ BIEN

Pedro Cañedo

De vez en cuando hay que soltar lastre mental, para que el navegar por la vida, sea lo mas liviano posible.

No se como empezar mi historia, pero siento que debo escribirla, las imágenes se amontonan en mi memoria y creo que debo darles salida, si no explotaría.

Eran mas de las doce de la noche, me sentía solo, pero la cabeza no dejaba de dar vueltas. Los recuerdos se agolpaban como una presa a punto de desbordar, sentía que tenía que abrir el aliviadero.

Así que ahora toca escarbar en el disco duro y rememorar viejas vivencias. Fueron mas de cuarenta años, tres puestos de trabajo, ganados a pulso, mi máxima era, primero demuestra, después pide.

Un lunes doce de enero de mil novecientos setenta, a las ocho y veinte, comenzaba mi aventura laboral. Apenas tenía catorce años, hoy no podría trabajar, ahora hay que tener diez y seis años para poder empezar en el mundo laboral.

Lo normal en estos casos es empezar por el principio. Es muy fácil decirlo, aunque no tan fácil hacerlo. Es una frase hecha, porque, ¿donde esta en realidad el principio de las cosas?. Incluso el nacimiento, no es el inicio de una historia, si tomamos en cuenta, como debe ser, las causas que desembocan en ese inicio.

Puestos en esta tesitura, no lo pensaré mas, y comenzaré por el momento en que decidí cambiar de trabajo.

Era diciembre, y aunque solo llevaba dos meses y medio trabajando en la Gestoria Timiraos, no me veía con futuro, quería enfocar mi vida profesional en otra dirección.

Varios de los amigos del barrio, ya llevaban años trabajando, el primer intento de cambiar de trabajo, fue en Almacenes Diéguez, era un negocio de venta de confección al por mayor.

Se encontraba un poco mas arriba de la delegación de Telefónica, en la antigua calle Capitán Eloy, hoy calle de la Concordia.

A media mañana había salido, como todos los días, a recoger el correo del apartado, y enviar las cartas que se habían preparado el día anterior. Al volver, me paré en los almacenes, antes mencionados, pregunté por el responsable, me llevaron a una pequeña oficina, había un encargado, de mediana edad, poco pelo, gafas para leer. Cuando entré, se quitó las gafas, me preguntó, que deseaba, dije mi nombre y que pedía trabajo, si necesitaban a alguien, me gustaría que contasen conmigo. 

Cuantos años tienes, estudios, y por que vienes aquí a pedir trabajo, en fin lo normal en una entrevista de trabajo.

Después de contestar a sus preguntas, me dijo, que quizá, si no me importaba, cabía la posibilidad de que me diesen trabajo, si no tenía inconveniente en salir con una carretilla de dos ruedas por la calle, para llevar pedidos a los clientes.

Le dije, que lo pensaría, y le daría contestación, al día siguiente. La verdad, que no me interesaba, mal por mal, prefería seguir en la gestoría.

Al día siguiente, era martes, diez y seis de diciembre, de mil novecientos sesenta y nueve, a media mañana, como el día anterior, al volver de Correos, entré en la librería de La Región, en la entonces Cardenal Quiroga, hoy calle Alejandro Outeiriño. Allí trabajaban varios amigos y vecinos del barrio. Pregunté por el responsable de personal. Me dijeron que subiera al primer piso, y pregunte por señor Dapena.

Estaba al final de una sala llena de mesas. Le pregunté para asegurarme
  • - Señor Dapena?
  • - Si dime.
  • - Me llamo Pedro Cañedo, trabajo actualmente en la Gestoria Timiraos, desde octubre de este año. Quisiera cambiar de actividad laboral, por lo que desearía dejarle mis datos, por si en algún momento tuvieran algo que se ajuste a mis cualidades.
Me dio una hoja en blanco, un bolígrafo y me dijo, pon ahí tus datos, estudios y un teléfono de contacto. Así lo hice, y cuando lo tuve se lo entregué. Entonces me dijo, que si algo aparece, ya se pondrían en contacto conmigo.

Me fui, pensando, que aquello se quedaría en nada. Como así lo pensaba, no le dije nada a nadie, para no despertar falsas expectativas.

Pasaron los días, llegaron las navidades, era veintinueve de diciembre, lunes, dos menos cuarto, acababa de llegar, íbamos comer, sonó el teléfono, lo cogió mi madre y me dijo
  • - Pedro, es para ti.
  • - Si, dígame
  • - Don Pedro, le llamo de La Región, hace unos días nos dejó sus datos para solicitarnos trabajo, esta ha sido tenida en cuenta, el puesto, sería de aprendiz en la imprenta. Y sería para empezar lo mas pronto posible.
  • - Interesar, si me interesa, pero como le comenté, en este momento estoy trabajando en otro sitio, y - como comprenderá, no puedo dejarles colgados de un día para otro.
  • Correcto, me parece bien, ahora vienen varios festivos y fines de semana, si no hay inconveniente por la empresa donde trabaja a fecha de hoy, sería un buen día para incorporarse, el lunes doce de enero. Si le parece bien, se presentaría a las ocho y veinte de la mañana, por la entrada en el número once, y pregunte por el señor Ordoñez, que es el encargado.
  • De acuerdo, si hubiese algún contratiempo, se lo comunicaría. Muchas gracias y Felices Fiestas.

Colgué el teléfono, me temblaban las manos, me senté a la mesa, mis padres y hermanos, ya estaban todos sentados, me miraban, con sus ojos me preguntaban por la llamada.

CONTINUARÁ

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