Después del paso a la jubilación, una alegría aún mayor, la de ser abuelo. A pesar de los intentos de una persona en amargarme la vida, lo siento, no lo has conseguido.
Por mi parte puedes estar tranquilo, eso no significa que te perdone. Yo sé lo que me hiciste, y tu también, y además la intención con que lo hacías.
Dicen que lo correcto es saber perdonar. A quien se arrepiente y reconoce un mal comportamiento o aquel que hace daño sin querer, se hace merecedor del perdón.
Pero aquel que disfrutaba haciendo daño, y además reconocía que si por el fuese el daño lo hubiera hecho antes, y que aún hoy se vanagloria de lo que hizo, no merece perdón del ofendido, si acaso lastima, pues el que hace daño a conciencia y que con el tiempo no lo reconoce, lo que despierta en los demás es pena.
Bueno, no quiero volver a dedicar un segundo de mi tiempo, a pensar en esta etapa de mi vida. Yo estoy tranquilo, y siento que llegué a este momento con el deber cumplido. El tiempo pone a cada uno en su lugar, y el final, es el mismo para todos.
A partir de ahora mi vida es, disfrutar del mayor tiempo posible con la gente que quiero y sé que me quiere. De lo pasado, me quedo con lo bueno, los momentos malos, que los rumie quien los provocó. Allá su conciencia.
Para mi, jubilarse, lo asocio a jubilo, por que me da la gana, y jubilo es alegría. Y ser abuelo, es un regalo que te da la vida, todavía lo estoy asimilando, pero siento una sensación de alegría, que los que ya lo son saben a que me refiero.





