Pedro C.
Cientos de religiones, y todas un
denominador común, poseedoras de la verdad, y la verdad que ellos predican solo
es su verdad.
La única verdad es que hay un
bien y un mal, y ninguna religión es poseedora única de la verdad. Solo quien
considere que la verdad es relativa, la verdad es respeto, la verdad es amor,
humildad, generosidad, y todo aquel que no sepa ver la verdad en sí mismo,
nunca tendrá en su poder la razón absoluta.
La única verdad eres tú y tu
conciencia. Quien te diga, que su religión es la verdadera, está intentando
convencerte y llevarte a su lado.
Si llegamos a la conclusión que la
única verdad eres tú, cualquiera que quiera conculcar tu individualidad, no
posee la verdad, por lo tanto, tampoco la razón.
Partiendo de la base, que estamos
en posesión de nuestras facultades mentales, sabremos distinguir entre lo bueno
y lo malo, por lo tanto tendremos siempre nuestra verdad.
Y si a sabiendas hacemos lo
incorrecto por conseguir un beneficio propio, que nuestra conciencia nos lo
demande. También puede ocurrir que estemos haciendo el mal, y no lo sepamos
ver, porque la vanidad, el odio, la avaricia o la locura en todas sus
variantes, nos nuble el raciocinio.
Si dijimos que el que posee la
verdad, tiene la razón, en estos casos, antes referidos, aún pensando que
defiende su verdad, esta no es real, pues se sustenta en una sinrazón.
Si queremos tener la razón,
debemos respetar la opinión de los demás. Y si, sin querer imponer nuestra
verdad, los demás nos dan la razón, enhorabuena. Pero si no comparten nuestros
pensamientos, no pasa nada, no existe una verdad absoluta, es como los colores.
Para colores hay gustos.
Para que los demás nos respeten,
debemos empezar por saber respetar otras opiniones.
¿Cómo podemos esperar que nos escuchen, si no somos capaces de escuchar?.
¿Cómo podemos esperar que nos escuchen, si no somos capaces de escuchar?.

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