lunes, 25 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (4)

Pedro C. (4)

A los pocos minutos, entraba un señor, con el pelo blanco, repeinado hacia atrás, con gafas de pasta, el portero le dijo, 
Señor Ordoñez, 
Si Antonio
Este joven, dice que empieza hoy en la imprenta y que le dijeron que preguntase por usted.
Como te llamas, me preguntó, 
Pedro Cañedo, 
De acuerdo, ya me había avisado el jefe de personal, que hoy te incorporabas, así que vamos.
Según subíamos por unas escaleras al fondo del túnel, girando a la izquierda, me tocan por detrás.
Pero tu que haces aquí- era Herminio, vecino del barrio, cuatro años mayor que yo.
El señor Ordoñez, me pregunta, ¿lo conoces?.
Yo le dije que si, que eramos vecinos y que había mas vecinos del barrio trabajando en La Región.
El señor Ordoñez, le preguntó a Herminio, ¿sabías que se incorporaba hoy?, 
No, le dijo Herminio, no tenía ni idea de que quisiera trabajar aquí.
Yo le dije, que no se lo había dicho a nadie, porque no quería que alguien pudiera pensar que entraba en esta empresa, porque conociese a alguien de dentro.

Cuando entramos en la imprenta, me pareció el paraíso, eso era lo que a mi me gustaría hacer el resto de mis días, fue amor a primera vista.

El encargado me dijo, allí al fondo a la izquierda, están las taquillas, coge una que veas libre, deja el abrigo y vuelve.

Los demás trabajadores, se estaban cambiando, unos llevaban bata, otros funda, entonces vi, a Suárez y a José Luis Cobelas, eran también del barrio.

Dejé el abrigo en la taquilla catorce, me dijeron que esa estaba libre, y me acerque al encargado para que me dijese por donde empezar.

Vamos a ver, lo que vas hacer, es sencillo, solo tienes que estar atento a lo que haces, son talonarios de caja para la librería.
José Antonio, este joven se llama Pedro, puede empezar perforando los talonarios de caja, si tiene alguna duda, le hechas una mano. Explícale como tiene que hacer.

José Antonio, era un joven delgado, alto y cara risueña, parecía buen chico, me dijo, mira, esta maquina es para hacer las perforaciones por donde luego se cortan los tíkes de caja.

Tu que eres ¿diestro o zurdo?, 
Diestro le dije, 
Entonces pones las hojas sin perforar a la izquierda, con la derecha metes de poco en poco, ya ves el hueco que hay, hasta que toque tope, en ese momento pisas el pedal, baja el peine de dientes de acero y perfora el papel.
Fíjate como hago yo, realizó la maniobra varias veces, según vayas perforando, tienes que darle la vuelta a los papeles, porque como ves, están numerados, así no se pierde el orden.
A ver ponte tu, despacio, sin prisa, nadie nace aprendido, ya iras cogiendo practica con el tiempo.

Enseguida cogí el tranquillo al asunto, iba despacio, pero seguro, lo que quería era hacerlo bien.

Poco a poco fui sintiéndome mas seguro, miraba lo que hacían los demás, Herminio estaba grapando los talonarios ya listos.

Suárez, en una maquina de imprimir manual, con la derecha metía las tarjetas y con la izquierda las sacaba. Me quedaba embobado viendo lo que hacían unos y otros.

A medida que iba perforando los tikes de caja, observaba el trabajo que hacían los demás y mas me gustaba donde me había metido.


Allí se creaba de la nada, desde una simple tarjeta de visita, un recordatorio de comunión o defunción, hasta un cartel, una revista, un catálogo o un libro.

lunes, 18 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (3)

Pedro C. (3)

Me fui, pensando, que aquello se quedaría en nada. Como así lo pensaba, no le dije nada a nadie, para no despertar falsas expectativas.

Pasaron los días, llegaron las navidades, era veintinueve de diciembre, lunes, dos menos cuarto, acababa de llegar, íbamos comer, sonó el teléfono, lo cogió mi madre y me dijo
  • - Pedro, es para ti.
  • - Si, dígame
  • - Don Pedro, le llamo de La Región, hace unos días nos dejó sus datos para solicitarnos trabajo, esta ha sido tenida en cuenta, el puesto, sería de aprendiz en la imprenta. Y sería para empezar lo mas pronto posible.
  • - Interesar, si me interesa, pero como le comenté, en este momento estoy trabajando en otro sitio, y - como comprenderá, no puedo dejarles colgados de un día para otro.
  • Correcto, me parece bien, ahora vienen varios festivos y fines de semana, si no hay inconveniente por la empresa donde trabaja a fecha de hoy, sería un buen día para incorporarse, el lunes doce de enero. Si le parece bien, se presentaría a las ocho y veinte de la mañana, por la entrada en el número once, y pregunte por el señor Ordoñez, que es el encargado.
  • De acuerdo, si hubiese algún contratiempo, se lo comunicaría. Muchas gracias y Felices Fiestas.
Colgué el teléfono, me temblaban las manos, me senté a la mesa, mis padres y hermanos, ya estaban todos sentados, me miraban, con sus ojos me preguntaban por la llamada.
  • Bueno, acaban de hacerme un regalo de navidad, que no esperaba. Como sabíais, no estaba muy contento en la gestoría, hace unos días presenté una solicitud de trabajo en La Región. Acaba de llamarme el señor Dapena, responsable de personal, y empiezo el doce de enero en la imprenta.
  • Y por que no me dijiste nada, me dijo mi padre, al señor Dapena, lo conozco yo, te podía haber echado una mano.
  • Papa, ya ves que no hizo falta, y así mejor, nunca nadie podrá decir que entré por enchufe.
A mi jefe don José Timiraos, se lo dije aquella misma tarde, no pareció que le sentase especialmente mal, a pesar de la premura para conseguir otra persona que ocupe mi lugar.

Los días no daban pasado, tenía ilusión por empezar. Poco a poco se fue acercando el día.

Y por fin llegó, aquella noche no conseguí dormir, tenía miedo quedarme dormido.

Aún no eran las ocho cuando salí de casa, no sabía el tiempo que me iba llevar y no quería llegar tarde el primer día.

Eran las ocho y cuarto cuando llegué, baje el túnel de acceso, el portero, después supe que se llamaba Antonio, me preguntó que deseaba, le dije, que empezaba hoy a trabajar en la imprenta, y el señor Dapena, me dijo que preguntara por el encargado don Carlos Ordoñez.

domingo, 17 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (2)

Pedro C. (2)


Lo normal en estos casos es empezar por el principio. Es muy fácil decirlo, aunque no tan fácil hacerlo. Es una frase hecha, porque, ¿donde esta en realidad el principio de las cosas?. Incluso el nacimiento, no es el inicio de una historia, si tomamos en cuenta, como debe ser, las causas que desembocan en ese inicio.

Puestos en esta tesitura, no lo pensaré mas, y comenzaré por el momento en que decidí cambiar de trabajo.

Era diciembre, y aunque solo llevaba dos meses y medio trabajando en la Gestoria Timiraos, no me veía con futuro, quería enfocar mi vida profesional en otra dirección.

Varios de los amigos del barrio, ya llevaban años trabajando, el primer intento de cambiar de trabajo, fue en Almacenes Diéguez, era un negocio de venta de confección al por mayor.

Se encontraba un poco mas arriba de la delegación de Telefónica, en la antigua calle Capitán Eloy, hoy calle de la Concordia.

A media mañana había salido, como todos los días, a recoger el correo del apartado, y enviar las cartas que se habían preparado el día anterior. Al volver, me paré en los almacenes, antes mencionados, pregunté por el responsable, me llevaron a una pequeña oficina, había un encargado, de mediana edad, poco pelo, gafas para leer. Cuando entré, se quitó las gafas, me preguntó, que deseaba, dije mi nombre y que pedía trabajo, si necesitaban a alguien, me gustaría que contasen conmigo. Cuantos años tienes, estudios, y por que vienes aquí a pedir trabajo, en fin lo normal en una entrevista de trabajo.

Después de contestar a sus preguntas, me dijo, que quizá, si no me importaba, cabía la posibilidad de que me diesen trabajo, si no tenía inconveniente en salir con una carretilla de dos ruedas por la calle, para llevar pedidos a los clientes.

Le dije, que lo pensaría, y le daría contestación, al día siguiente. La verdad, que no me interesaba, mal por mal, prefería seguir en la gestoría.

Al día siguiente, era martes, diez y seis de diciembre, de mil novecientos sesenta y nueve, a media mañana, como el día anterior, al volver de Correos, entré en la librería de La Región, en la entonces Cardenal Quiroga, hoy calle Alejandro Outeiriño. Allí trabajaban varios amigos y vecinos del barrio. Pregunté por el responsable de personal. Me dijeron que subiera al primer piso, y pregunte por señor Dapena.

Estaba al final de una sala llena de mesas. Le pregunté para asegurarme
  • - Señor Dapena?
  • - Si dime.
  • - Me llamo Pedro Cañedo, trabajo actualmente en la Gestoria Timiraos, desde octubre de este año. Quisiera cambiar de actividad laboral, por lo que desearía dejarle mis datos, por si en algún momento tuvieran algo que se ajuste a mis cualidades.

Me dio una hoja en blanco, un bolígrafo y me dijo, pon ahí tus datos, estudios y un teléfono de contacto. Así lo hice, y cuando lo tuve se lo entregué. Entonces me dijo, que si algo aparece, ya se pondrían en contacto conmigo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

QUIZÁ YO (1)

Pedro C.
(1)
Nunca hubiera pensado que acabaría rodeado de la mas tensa soledad, mi vida fue extrovertida, siempre rodeado de amigos, compañeros de trabajo y alguna novieta que otra.

En algún momento, no sé si fue el adecuado, decidí compartir mi vida, ahora paso revista a mis recuerdos, y creo, que si hubo algo que mereciese la pena, fruto de esa convivencia, fue el hecho de tener un hijo, y mas, ahora que me dio un nieto. Pienso que al final no debió de ser tan malo, cuando tengo los abrazos de mi nieto.

Esos abrazos son recargas para poder seguir palpitando mi corazón, oxigeno que llenan mis pulmones. Es triste, pero es verdad, solo recuerdo esa sensación de relax y paz cuando mi hijo era pequeño, lo cogía en brazos para que se durmiera, le cantaba como un susurro, canciones infantiles, y mirar aquellos ojitos, mirándome medios entornados, que al cabo de unos minutos se cerraban. Solo mi hijo me dio algún que otro momento que al recordarlo aún siento que mis ojos se humedecen.

Si mi mujer me abrazaba, era por que yo la había abrazado antes, ahora pienso que nunca nadie me dijo, te quiero, lo mas cerca que estuve de oírlo, era cuando yo lo decía, y me contestaba, yo también.

Me he aficionado a cualquier programa que tenga algo que ver con los sentimientos, y cuando veo a una pareja decirse, te quiero, mirándose a los ojos, siento nostalgia, y una profunda tristeza, por que yo nunca sabré que se siente cuando alguien te lo dice, mirándote a los ojos, no se, quizá no sea el tipo de personas que por alguna razón no deban ser queridas, tendré algo en mi forma de ser, que yo no se y nadie me lo dijo, que provoca esa situación.

Cuando estoy solo, que ahora son muchos días, y simplemente veo en la televisión a una pareja de ancianos paseando por un parque agarrados de la mano, me provoca tal ternura y que yo nunca lo podré hacer, que no puedo evitar que por mis mejillas corra alguna lagrima que otra.

Pero en fin. De vez en cuando hay que soltar lastre mental, para que el navegar por la vida, sea lo mas liviano posible.

No se como empezar mi historia, pero siento que debo escribirla, las imágenes se amontonan en mi memoria y creo que debo darles salida, si no explotaría.

Eran mas de las doce de la noche, me sentía solo, pero la cabeza no dejaba de dar vueltas. Los recuerdos se agolpaban como una presa a punto de desbordar, sentía que tenía que abrir el aliviadero.

Así que ahora toca escarbar en el disco duro y rememorar viejas vivencias. En lo sentimental, tuve cinco parejas y con la quinta me casé, el matrimonio duró treinta y cinco años y fruto de el, fue un hijo.

En lo laboral fueron mas de cuarenta años, tres puestos de trabajo, ganados a pulso, mi máxima era, primero demuestra, después pide.


Un lunes doce de enero de mil novecientos setenta, a las ocho y veinte, comenzaba mi aventura laboral. Apenas tenía catorce años, hoy no podría trabajar, ahora hay que tener dieciséis años para poder empezar en el mundo laboral.

CONTINUARÁ

Las cuatro estaciones

 Pedro C. No escondas tus sentimientos, siente como corre por tus venas la florida primavera ,   y vive tus momentos. La piel tostándose al ...