lunes, 9 de octubre de 2017

VERANOS INOLVIDABLES

Pedro C.

Con seis, siete, ocho años y durante algunos años mas, en la década de los sesenta y parte de los setenta, pasaba si no todo el verano, parte en Astorga con mis abuelos.

Que recuerdos, ahora con la perspectiva que dan los años pasados, veo aquellos veranos como un regalo para mi memoria.

Ayudar a mi abuelo, aunque no lo necesitase, él me lo pedía, dándome a entender que si no fuese por mi, el no podría afeitarse, colocarse el fajín, arreglar el bigote para que no se le meta en la boca, y mas cosas que se le podrían ocurrir, ahora me doy cuenta que solo lo hacía para tenerme cerca.

No sé como sería con los demás primos, y no son pocos, ellos también me hacen saber sus buenos recuerdos, pero yo sigo pensando egoistamente que mi relación con él era especial.

Ayudaba a mi abuela a despellejar al conejo, ahora diréis que es una salvajada. Maltrato animal o lo que se os ocurra, pero cuando me ponía mi abuela el plato los domingos, de conejo con arroz, hecho en cocina de leña, poco a poco, absorbiendo los diferentes sabores, era un ritual, los domingos tocaba conejo o pollo. Ahora se compran ya limpios y envasados en el supermercado, antes se criaban en casa.

Había un vecino de mi edad, pasábamos todas las horas que podíamos juntos, su padre estaba de lunes a viernes fuera, era minero, cuando venia el fin de semana, nos llevaba a coger ranas, en Astorga es plato típico las ancas de rana, y en otras ocasiones a cazar pajaritos, luego se limpiaban y se comían asados. Hay que ponerse en los años a los que refiero estos recuerdos.

Entonces no había apenas construcciones, y tanto por ranas como por los pajaritos íbamos a la zona de la Eragudina o por las proximidades de la plaza de toros, fue levantada por el pueblo a finales del siglo diecinueve, con las piedras del antiguo castillo de los marqueses de Astorga.

Alguna vez iba con mis primos y alguno de mis tíos, al cine, recuerdo el cine Gullón, el Capitol o el cine Velasco, el mas antiguo y por suerte el que aun sobrevive.

Cuando salia con mis tíos de bares, los peques tomábamos el butano, para el que no lo sepa, era un vasito de refresco de naranja, en realidad a mi lo que me prestaba era el pincho, ancas de rana, tortilla picante, y alguno mas, que recuerdos.

Ahora viene a mi memoria la grabación del documental sobre el homenaje al poeta de Astorga, Leopoldo Panero, el veintiocho de agosto de mil novecientos setenta y cuatro, allí estaba yo, se estrenó dos años después. Fue dirigido por Jaime Chavarri, y se titula “El Desencanto”.

Recuerdo algunas cafeterías de la época, la que estaba mas cerca de la casa de mis abuelos era Cuatro Caminos, la última vez que estuve en Astorga, el edificio ya no existe. En la zona centro, había varias cafeterías, alguna era mas frecuentada por los oficiales del cuartel, otras por la sociedad mas pudiente de la ciudad.

Cuando vuelvo, pasados los años, recorro sus calles, paseo por la muralla, y no sé por que siento una extraña sensación, mezcla de sentimientos, tristeza por los que ya no están, y alegría por que vuelvo a ser aquel niño, abstraído en mis recuerdos. Tengo que reconocer que en alguna ocasión la lagrima rodó por mi mejilla.


Sueño con volver, siento que debo visitar la ciudad de Astorga, es cuestión de salud, cuando estoy lejos, me invade la morriña.  

EL FUTURO. HOY

Pedro C.

Poco a poco siento que voy aparcando el pasado y pensando mas en el presente, el futuro no me asusta, lo que tenga que pasar, pasará.

Tras una infancia feliz y una adolescencia normal para la época que me tocó vivir. Siete años de educación en colegio religioso, en los años sesenta, con todo lo que ello supone, pero me quedo con los buenos recuerdos, que fueron muchos.

El primer puesto de trabajo, aunque duró poco, apenas tres meses, me enseñó como funcionan los organismos oficiales por dentro. Luego el segundo y definitivo puesto de trabajo, aunque intenté hasta en tres ocasiones buscar otra salida laboral, pero sin mucho empeño, por que en realidad estaba bien donde estaba.

Con diez y seis años quise entrar voluntario en las fuerzas aéreas, estuve dos días en la base Virgen de Loreto en León, no hubo suerte, me dijeron que estaba aprobado pero fuera de plaza, que lo volviera intentar al año siguiente. Pero tomé la decisión de que ya que no me querían voluntario, tampoco iría forzoso, y así fue cuando por la edad tenía que incorporarme al servicio militar, alegué deficiencia visual, me mandaron al hospital militar de A Coruña, me hicieron la revisión que consideraron oportuno, al cabo de unos días, me enviaron una notificación en la que me consideraban no apto para el servicio militar.

El siguiente intento fue años después, un examen en el centro de formación profesional de Pozo de san Raimundo en Madrid, para motorista de campo de la compañía Iberia. Lo cierto es que no me lo tomé en serio porque me encontraba bien económicamente en la empresa en la que estaba y así mismo en mi vida personal. No recuerdo ni lo que me decían en la carta que me enviaron.

La tercera y última ocasión que pensé en la posibilidad de salir de la empresa, fue unas oposiciones a las que me presenté, eran para funcionario de correos, pasé el examen médico aquí en Orense, en la antigua delegación de sanidad de la avenida de Zamora, pero luego ya no me presenté a las siguientes pruebas, la verdad es que no sé si hubiese llegado a ser funcionario o no. La razón vuelve a ser la misma que en anteriores ocasiones, estaba bien en el ámbito laboral y sentimental, consideré que no iba a mejorar mi situación económica, por lo que no merecía la pena empezar de cero.

En el aspecto sentimental, no me puedo quejar a pesar de la situación actual. Tuve varias parejas antes de la que luego fue mi esposa y madre de mi hijo, el matrimonio duró treinta y cinco años, momentos buenos y malos, simplemente se acabó y me quedo con el fruto de un hijo, que no hay precio que pague ese tesoro, así como los buenos recuerdos de la convivencia, que no son pocos.


Ahora llegamos al presente, y el presente es el día a día, y el pasado, pasado está. No quiero cargar con mochila que lastre mi viaje de aquí en adelante y el futuro se irá escribiendo según vaya siendo presente y pasado.

Las cuatro estaciones

 Pedro C. No escondas tus sentimientos, siente como corre por tus venas la florida primavera ,   y vive tus momentos. La piel tostándose al ...