Pedro C.
Con seis, siete, ocho
años y durante algunos años mas, en la década de los sesenta y
parte de los setenta, pasaba si no todo el verano, parte en Astorga
con mis abuelos.
Que recuerdos, ahora con
la perspectiva que dan los años pasados, veo aquellos veranos como
un regalo para mi memoria.
Ayudar a mi abuelo,
aunque no lo necesitase, él me lo pedía, dándome a entender que si no fuese por mi,
el no podría afeitarse, colocarse el fajín, arreglar el bigote para
que no se le meta en la boca, y mas cosas que se le podrían ocurrir,
ahora me doy cuenta que solo lo hacía para tenerme cerca.
No sé como sería con
los demás primos, y no son pocos, ellos también me hacen saber
sus buenos recuerdos, pero yo sigo pensando egoistamente que mi
relación con él era especial.
Ayudaba a mi abuela a
despellejar al conejo, ahora diréis que es una salvajada. Maltrato
animal o lo que se os ocurra, pero cuando me ponía mi abuela el
plato los domingos, de conejo con arroz, hecho en cocina de leña,
poco a poco, absorbiendo los diferentes sabores, era un ritual, los
domingos tocaba conejo o pollo. Ahora se compran ya limpios y
envasados en el supermercado, antes se criaban en casa.
Había un vecino de mi
edad, pasábamos todas las horas que podíamos juntos, su padre
estaba de lunes a viernes fuera, era minero, cuando venia el fin de
semana, nos llevaba a coger ranas, en Astorga es plato típico las
ancas de rana, y en otras ocasiones a cazar pajaritos, luego se
limpiaban y se comían asados. Hay que ponerse en los años a los que
refiero estos recuerdos.
Entonces no había apenas
construcciones, y tanto por ranas como por los pajaritos íbamos a
la zona de la Eragudina o por las proximidades de la plaza de toros,
fue levantada por el pueblo a finales del siglo diecinueve, con las
piedras del antiguo castillo de los marqueses de Astorga.
Alguna vez iba con mis
primos y alguno de mis tíos, al cine, recuerdo el cine Gullón, el
Capitol o el cine Velasco, el mas antiguo y por suerte el que aun
sobrevive.
Cuando salia con mis tíos
de bares, los peques tomábamos el butano, para el que no lo sepa,
era un vasito de refresco de naranja, en realidad a mi lo que me
prestaba era el pincho, ancas de rana, tortilla picante, y alguno
mas, que recuerdos.
Ahora viene a mi memoria
la grabación del documental sobre el homenaje al poeta de Astorga,
Leopoldo Panero, el veintiocho de agosto de mil novecientos setenta y
cuatro, allí estaba yo, se estrenó dos años después. Fue dirigido
por Jaime Chavarri, y se titula “El Desencanto”.
Recuerdo algunas
cafeterías de la época, la que estaba mas cerca de la casa de mis
abuelos era Cuatro Caminos, la última vez que estuve en Astorga, el
edificio ya no existe. En la zona centro, había varias cafeterías,
alguna era mas frecuentada por los oficiales del cuartel, otras por
la sociedad mas pudiente de la ciudad.
Cuando vuelvo, pasados
los años, recorro sus calles, paseo por la muralla, y no sé por que
siento una extraña sensación, mezcla de sentimientos, tristeza por
los que ya no están, y alegría por que vuelvo a ser aquel niño,
abstraído en mis recuerdos. Tengo que reconocer que en alguna
ocasión la lagrima rodó por mi mejilla.
Sueño con volver, siento
que debo visitar la ciudad de Astorga, es cuestión de salud, cuando
estoy lejos, me invade la morriña.


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