Pedro C.
La maldad no te hace inmortal, puedes
ignorar tu conciencia, puedes tener todo el poder del mundo, pero todo viaje
tiene un final.
Hay un dicho, “no es
más feliz el que más tiene, si no el que menos necesita”.
Que felicidad puede aportar, el
tener la potestad de hacer infeliz a los demás.
He sentido en mí, el daño de la
sinrazón. Provocar el mal ajeno, por el simple placer de sentir el poder.
A la mayoría de las personas,
cuando comparten una pena o una alegría, pueden contar con el apoyo y la
empatía de familiares y amigos.
Pero aquel que mira desde arriba,
nunca tendrá un hombro en el que descargar sus penas. Aquél que mira desde
arriba, no tendrá con quién compartir sus alegrías.
Porque quien pone la mano en su
hombro para consolarle en momentos tristes, o aquel que ríe sus salidas de tono
como gracias, en realidad lo hacen por interés propio, no existe la empatía.
Recuerdo una fiesta que un
empresario montó en su casa para unos amigos, como deferencia invitó algunos de
sus colaboradores más leales, pero claro, cuando llegó el momento de echar una
mano sirviendo o recogiendo, no iba a pedírselo
sus invitados, clientes o empresarios diversos, porque amigos como tal,
no tenía. Acabaron como camareros y recogiendo al final, aquellos, que se
creían afortunados, porque su jefe les había invitado a una fiesta en su casa.
¿Es feliz quien no tiene amigos?,
¿Es feliz quien solo aspira a ser el más rico del cementerio?
¿Quién lo tendrá presente en sus
oraciones?, ¿Quien le llevará flores por Difuntos?

