lunes, 6 de marzo de 2017

JUBILADO, MI PRIMER AÑO

Pedro C.

Un año ya jubilado, como pasa el tiempo, que lejos quedan los más de cuarenta años trabajados. Tenía catorce años cuando empecé, no tenía ni carnet de identidad, no había dado mi primer beso. Cuantas vivencias desde entonces.

Miro hacia atrás, y cuantos errores, si pudiera volver, cuantas cosas cambiaría. Quien diga, que no se arrepiente de nada, miente. Situaciones más grandes o más pequeñas, que seguramente, si tuviéramos la oportunidad, lo haríamos de otra manera.

Ahora bien, en función de los resultados, doy por bueno, las metas alcanzadas. Si modificamos el pasado, alteramos el futuro, y de lo que si no me arrepiento, es del fruto del pasado.

Hay que ser consecuente con lo conseguido, a pesar de que esto suponga, dejar sueños por el camino.

Volviendo a la primera frase, un año ya jubilado, he de decir, que da una tranquilidad no tener horarios, no tener jefes, que su única labor, es amargarte la vida. Lo primero que hice, fue dejar el reloj en la mesilla de noche. Al cerrar los ojos, para dormir, no tengo que pensar lo que tengo que hacer mañana. Si acaso, con quien y donde tomar un café.

Una de las consecuencias de mi jubilación, fue cambiar el vestuario, ahora son tres tallas más. Me cambió el ritmo del día a día, cuando voy algún sitio, no tengo prisa, si llego diez minutos tarde, no pasa nada.

Cuantas vivencias, desde aquel doce de enero de mil novecientos setenta, hasta el doce de octubre de dos mil once. Los primeros meses no fueron fáciles, pero todo pasa, y poco a poco se fue asimilando la situación. Hoy no cambio mi estatus, por ninguna etapa de mi vida laboral.

Lo mejor que me llevo de mi vida laboral, son las amistades que se crearon con el trato diario. Algunos solo fueron compañeros, pero a otros, si los considero amigos.

No sé lo que puedan opinar de mí por detrás. Seguramente que habré cometido errores, y me habrán puesto verde, pero no me importa. Lo que me quitaría el sueño, sería si en algún momento, hubiese hecho algo, con intención de hacer daño deliberadamente a alguien. Al respecto tengo la conciencia muy tranquila.

Si me pidieron mis jefes opinión sobre compañeros, para así facilitar su despido, y cuando dije lo que pensaba, se enfadaban conmigo, porque no decía lo que ellos querían oír. Una vez y otra, fueron sumando puntos negativos en mi cuenta, lo que provocó una persecución, rayando el mobbing, desembocando finalmente, en el despido.

A la vista de los últimos años vividos en la empresa, doy por bueno el acuerdo alcanzado para mi salida, de lo contrario lo pagaría mi salud.

Un año ya jubilado y que bien duermo.


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 Pedro C. No escondas tus sentimientos, siente como corre por tus venas la florida primavera ,   y vive tus momentos. La piel tostándose al ...