Me
fui, pensando, que aquello se quedaría en nada. Como así lo
pensaba, no le dije nada a nadie, para no despertar falsas
expectativas.
Pasaron
los días, llegaron las navidades, era veintinueve de diciembre,
lunes, dos menos cuarto, acababa de llegar, íbamos comer, sonó el
teléfono, lo cogió mi madre y me dijo
- - Pedro, es para ti.
- - Si, dígame
- - Don Pedro, le llamo de La Región, hace unos días nos dejó sus datos para solicitarnos trabajo, esta ha sido tenida en cuenta, el puesto, sería de aprendiz en la imprenta. Y sería para empezar lo mas pronto posible.
- - Interesar, si me interesa, pero como le comenté, en este momento estoy trabajando en otro sitio, y - como comprenderá, no puedo dejarles colgados de un día para otro.
- Correcto, me parece bien, ahora vienen varios festivos y fines de semana, si no hay inconveniente por la empresa donde trabaja a fecha de hoy, sería un buen día para incorporarse, el lunes doce de enero. Si le parece bien, se presentaría a las ocho y veinte de la mañana, por la entrada en el número once, y pregunte por el señor Ordoñez, que es el encargado.
- De acuerdo, si hubiese algún contratiempo, se lo comunicaría. Muchas gracias y Felices Fiestas.
Colgué
el teléfono, me temblaban las manos, me senté a la mesa, mis padres
y hermanos, ya estaban todos sentados, me miraban, con sus ojos me
preguntaban por la llamada.
- Bueno, acaban de hacerme un regalo de navidad, que no esperaba. Como sabíais, no estaba muy contento en la gestoría, hace unos días presenté una solicitud de trabajo en La Región. Acaba de llamarme el señor Dapena, responsable de personal, y empiezo el doce de enero en la imprenta.
- Y por que no me dijiste nada, me dijo mi padre, al señor Dapena, lo conozco yo, te podía haber echado una mano.
- Papa, ya ves que no hizo falta, y así mejor, nunca nadie podrá decir que entré por enchufe.
A
mi jefe don José Timiraos, se lo dije aquella misma tarde, no
pareció que le sentase especialmente mal, a pesar de la premura para
conseguir otra persona que ocupe mi lugar.
Los
días no daban pasado, tenía ilusión por empezar. Poco a poco se
fue acercando el día.
Y
por fin llegó, aquella noche no conseguí dormir, tenía miedo
quedarme dormido.
Aún no eran las ocho cuando salí de casa, no sabía el tiempo que me iba llevar y no
quería llegar tarde el primer día.
Eran
las ocho y cuarto cuando llegué, baje el túnel de acceso, el portero, después
supe que se llamaba Antonio, me preguntó que deseaba, le dije, que
empezaba hoy a trabajar en la imprenta, y el señor Dapena, me dijo
que preguntara por el encargado don Carlos Ordoñez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario