miércoles, 25 de enero de 2017

MI PRIMERA ESCUELA

Pedro C.

De pronto te vienen flases a la memoria. Cierras los ojos, y ves en tu interior aquellos momentos del pasado. Me veo con cuatro años en el salón de doña Amadora. Aquel día venia un inspector de enseñanza. La profesora me da un ejemplar de La Región, entonces eran tamaño sábana, me dice que vaya practicando, que luego le tendría que leer algo a un señor que iba a venir.

Cuando llegó el inspector, quería ver los avances de los alumnos. Doña Amadora me puso como ejemplo, pues al ser el más pequeño, si lo hacía bien, que no podrían hacer los mayores.

Así como otras situaciones posteriores no soy capaz de recordar con nitidez, lo que ocurrió aquel día, lo recuerdo como si estuviera viendo una película.

Doña Amadora, me sentó en sus rodillas, desplegó delante de mi aquel enorme periódico, me dijo, a ver como le lees al señor inspector las noticias del día.

Era un mocoso de cuatro años, pero si algo me gustaba, era desde que aprendí las primeras letras, leer todo lo que caía en mis manos, y el periódico que entraba en mi casa con cierta regularidad, lo que mas me atraía.

Leí de corrillo, con entonación, y haciendo las pausas correspondientes, el hombre quedó gratamente impresionado, me felicitó, poniéndome como ejemplo para los demás, al marchar, la profesora, me dio dos pesetas como premio.

Estamos hablando del año mil novecientos cincuenta y nueve, dos pesetas para mi era una fortuna, cuando se lo dije a mi madre, recuerdo que además de felicitarme, me preguntó, ¿y que vas hacer con tanto dinero?.

Comprar dos tebeos de Hazañas Bélicas, y diez natillas, así lo disfrutamos mis hermanos y yo.

Son tonterías, dirá alguien, pero para aquellos que vivieron momentos singulares, sabrán apreciar recuerdos infantiles, que de alguna manera marcaron el futuro.

Visto como se desarrolló mi vida laboral, quien iba a pensar que todo empezó con cuatro años, aprendiendo a leer con ejemplares tamaño sábana de La Región.

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