viernes, 16 de diciembre de 2016

NO FUÉ UN AÑO MAS

Pedro C.

Estamos a las puertas de unas fechas especiales, que se repiten año tras año, pero no todos los años son iguales.

En mi infancia eran muy familiar, y se celebraban con mucha alegría, no necesitábamos grandes lujos para ser felices.

Recuerdo pollo asado, coliflor o dulces caseros. Lo importante no era el menú, si no la alegría que flotaba en el ambiente.

Un par de días antes ya se empezaba con las rosquillas o los pestiños. Entrar en casa y aquél olor a anís de las rosquillas, ummm. 

En mi casa, la fuente redonda estaba con un paño de cocina, cubriendo la montaña de rosquillas;  otra de pestiños, delicados y bañados de azúcar. No toquéis nada, tiene que llegar a la nochebuena, gritaba mi madre desde la cocina.

Siempre había algún pariente de visita por aquellas fiestas, que daba mas sensación festiva a las fechas. Y con los vecinos había una relación si cabe mas estrecha que el resto del año. 

Mi padre mandaba tarjetas felicitando las fiestas a parientes y amigos, repartidos por diferentes puntos de la geografía, a su vez casi todos los días el cartero traía alguna, me gustaba ver los diferentes grabados. Con que poco eramos felices.

Con los años, nos fuimos independizando, entonces había que repartirse con tu familia y la política. Cuando vinieron los hijos, volvió aquel espíritu de tu infancia, por que la proyectas en ellos.

Ahora son ellos ya mayores, los que nos reunen y vuelve a ser bonito, es como si primero estás, luego vienen y ahora vas. Es otra perspectiva del ciclo de la vida.

En los últimos años pasaron situaciones felices y otras menos felices. Unos que nos dejaron, y otros que vinieron. Es ley de vida.

En este año que termina, se dieron varias situaciones que quiero grabar en mi disco duro, con copia en el externo por seguridad. 

En marzo el nacimiento del nieto, esa luz que te ilumina cuando te rodea la oscuridad. Si tengo un momento de bajón, miro su foto y se recargan las pilas.

En octubre, tuvimos la primera reunión en Astorga, de la raíz de mi apellido por parte de mi padre, con todos aquellos que lo comparten, si no fue el cien por cien, seríamos un ochenta por ciento, lo cual ya es un éxito, para ser la primera. 

Sin dejar de lado los momentos menos agradables que hayan podido surgir durante este año, mas que nada para evitarlos en lo posible, en años posteriores.

En la parte de arriba de mi maleta, pondré los buenos momentos y cada vez que levante la tapa, estos serán lo primero que vea, y me sacaran una sonrisa. Con esa sonrisa me quedo.

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