Pedro C. (8)
Con
diez y siete años ya era aprendiz de tercer año, El señor Claudio
se había jubilado, Julio volvió de cumplir con el servicio militar,
la empresa compró una nueva guillotina, era una Polar de 115
centímetros de boca, en la antigua me quedé yo, para los trabajos
de batalla, fajas de papel kraf, que había que cortar casi a diario,
para los envíos de la edición aérea.
Me
hice cargo de convertir las mantas de papel de las bobinas en
paquetes para las carnicerías y pescaderías.
Esto,
al cobrar aparte en negro, suponía un aliciente por la edad que
tenía y tener unos ingresos nada despreciables. Entre estos ingresos
y algunas horas extras que se iban haciendo, había meses que tenía
mas ingresos extras superior al sueldo.
Dada
la responsabilidad que iba asumiendo, así como Pepe, que había
entrado cuando yo, y el ahora hacía el trabajo que hacía antes
Suárez, ya que este se fue a cumplir con sus obligaciones militares.
Como
digo, dada las responsabilidades que habíamos asumido, decidimos
pedir al encargado se nos concediera la categoría de oficial de
tercera, este nos dijo que no, que la obtendríamos cuando
terminásemos el periodo de aprendizaje, le dijimos que como
aprendices no procedía asumir responsabilidades que no nos
correspondían, el señor Ordoñez nos preguntó.
¿Pedro,
vas a la guillotina?.
Yo
solo no, como ayudante de un oficial, si.
¿Pepe,
te pones en la Minerva?
Como
ayudante de un oficial, si, pero yo solo, no.
Muy
bien, si os negáis a cumplir con lo que os mando, podéis coger
vuestras cosas y marcharos para casa.
Nos
quitamos la bata, nos pusimos el abrigo y bajamos a la portería,
sabíamos que el administrador de la empresa, el señor Valencia,
todavía no había llegado, decidimos esperar y hablar con él, y
según lo que nos dijese, actuaríamos.
Al
cabo de diez minutos mas o menos ya lo vimos bajar por el túnel, nos
fuimos hacia él, nos preguntó que hacíamos allí a aquella hora.
Le
comentamos la situación y lo que nos había dicho el encargado de
talleres.
Su
contestación fue.
Si
el señor Ordoñez os dijo que os marchéis, pues os vais, a no ser
que aceptéis lo que os pide que tenéis que hacer.
Si
decidís iros, pasar por personal para que os preparen el finiquito.
Cuando
se marchó el señor Valencia, hablamos que por esta vez bajaríamos
la cabeza, por que el trabajo nos gustaba y los ingresos eran
golosos.
Subimos
a la imprenta, entramos, fuimos hacia el encargado, y sin apenas
mirarnos nos dijo, que habéis decidido.
Nos
ponemos la ropa de trabajo y nos dice usted lo que quiere que
hagamos, y lo haremos.
Muy
bien, poneros la bata y cada uno a su puesto de trabajo y ya sabe lo
que tiene que hacer. Por lo demás como si no hubiese pasado nada.
De
momento me interesaba seguir en la empresa, por lo que no hubo mas
remedio que agachar la cabeza y tragarme el orgullo.
De
aquello no se volvió hablar, pero tampoco se olvidó, con los años
comprendí que para conseguir algo en esta empresa había que
utilizar otra estrategia. La verdad es que no me fue del todo mal, ya
os iré contando.
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