domingo, 21 de enero de 2018

QUIZÁ YO (8)

Pedro C. (8)
Con diez y siete años ya era aprendiz de tercer año, El señor Claudio se había jubilado, Julio volvió de cumplir con el servicio militar, la empresa compró una nueva guillotina, era una Polar de 115 centímetros de boca, en la antigua me quedé yo, para los trabajos de batalla, fajas de papel kraf, que había que cortar casi a diario, para los envíos de la edición aérea.

Me hice cargo de convertir las mantas de papel de las bobinas en paquetes para las carnicerías y pescaderías.

Esto, al cobrar aparte en negro, suponía un aliciente por la edad que tenía y tener unos ingresos nada despreciables. Entre estos ingresos y algunas horas extras que se iban haciendo, había meses que tenía mas ingresos extras superior al sueldo.

Dada la responsabilidad que iba asumiendo, así como Pepe, que había entrado cuando yo, y el ahora hacía el trabajo que hacía antes Suárez, ya que este se fue a cumplir con sus obligaciones militares.

Como digo, dada las responsabilidades que habíamos asumido, decidimos pedir al encargado se nos concediera la categoría de oficial de tercera, este nos dijo que no, que la obtendríamos cuando terminásemos el periodo de aprendizaje, le dijimos que como aprendices no procedía asumir responsabilidades que no nos correspondían, el señor Ordoñez nos preguntó.
¿Pedro, vas a la guillotina?.
Yo solo no, como ayudante de un oficial, si.
¿Pepe, te pones en la Minerva?
Como ayudante de un oficial, si, pero yo solo, no.

Muy bien, si os negáis a cumplir con lo que os mando, podéis coger vuestras cosas y marcharos para casa.

Nos quitamos la bata, nos pusimos el abrigo y bajamos a la portería, sabíamos que el administrador de la empresa, el señor Valencia, todavía no había llegado, decidimos esperar y hablar con él, y según lo que nos dijese, actuaríamos.

Al cabo de diez minutos mas o menos ya lo vimos bajar por el túnel, nos fuimos hacia él, nos preguntó que hacíamos allí a aquella hora.

Le comentamos la situación y lo que nos había dicho el encargado de talleres.
Su contestación fue.

Si el señor Ordoñez os dijo que os marchéis, pues os vais, a no ser que aceptéis lo que os pide que tenéis que hacer.

Si decidís iros, pasar por personal para que os preparen el finiquito.

Cuando se marchó el señor Valencia, hablamos que por esta vez bajaríamos la cabeza, por que el trabajo nos gustaba y los ingresos eran golosos.

Subimos a la imprenta, entramos, fuimos hacia el encargado, y sin apenas mirarnos nos dijo, que habéis decidido.

Nos ponemos la ropa de trabajo y nos dice usted lo que quiere que hagamos, y lo haremos.

Muy bien, poneros la bata y cada uno a su puesto de trabajo y ya sabe lo que tiene que hacer. Por lo demás como si no hubiese pasado nada.

De momento me interesaba seguir en la empresa, por lo que no hubo mas remedio que agachar la cabeza y tragarme el orgullo.

De aquello no se volvió hablar, pero tampoco se olvidó, con los años comprendí que para conseguir algo en esta empresa había que utilizar otra estrategia. La verdad es que no me fue del todo mal, ya os iré contando.

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