martes, 2 de enero de 2018

QUIZÁ YO (5)

Pedro C. (5)

La idea que el cliente tenía en su cabeza, se llevaba a la práctica, se hacía realidad el sueño de un artista, la imagen corporativa de una empresa, el catálogo de una fabrica de muebles o de una empresa de moda.

Todo aquello me dejaba deslumbrado, desde el creativo hasta ver el producto rematado, todos los pasos eran un mundo nuevo para mi, hasta entonces veías un simple folleto publicitario en la mano, y ahora te dabas cuenta como llegó a tus manos, paso a paso, de un pliego en blanco hasta una cuartilla impresa, incluso a varios colores.

Estaba en una nube, estaba donde quería estar y, ni en mis mejores sueños podía pensar que se cumpliría.

Aquel día pasó, no hice otra cosa que perforar tikes, pero sabía que en algún momento haría otra cosa y otro día otra y así poco a poco, aprendería el recorrido completo desde la nada hasta el producto final.

Al mediodía, a las dos salimos para ir a comer, nos volvíamos a reincorporarnos a las cuatro de la tarde, y el turno de tarde hasta las siete.

Cuando llegué casa para comer, no hizo falta preguntarme que tal me había ido, me notaron en la cara y las ganas que tenía por volver, que aquello que había decidido era lo que quería.

Les conté lo que estaba haciendo, lo que otros hacían y quienes eran mis compañeros y, que entre ellos había varios que además eran vecinos del barrio.

Después de aquel día, llegó el segundo día, martes y trece, cuando llegué por la mañana, encuentro en la puerta a Pepe, eramos de la misma edad, vivía en mi mismo portal, y también venia de trabajar en una gestoría como yo.

Hola, que haces aquí? Le pregunté.

Me incorporo hoy en la imprenta, me dijeron que esté a las ocho y veinte y pregunte por el señor Ordoñez. Me dijo Pepe.

Pues yo empecé ayer, también en la imprenta, así que vamos a trabajar en la misma sección, desde entonces nos hicimos inseparables, por edad, vecindad y ahora puesto de trabajo.

Yo fui subiendo, y al poco rato entró Pepe acompañado del encargado, lo pusieron a perforar tikes de caja como yo en una segunda maquina.

Aún no sabíamos como iba aquello, por lo que el día pasó casi en silencio, al mediodía fuimos juntos a comer y por la tarde volvimos juntos al trabajo.

Fueron pasando los días, aprendimos a encartar, cambiar la medida de la perforadora para trabajos diferentes, en otra ocasión a grapar y así poco a poco nos fuimos familiarizarnos con los diferentes pasos en el apartado del manipulado.

Pasaron los días, las semanas, los meses, y cuando no había trabajo en el manipulado, el encargado nos ponía de ayudante de diferentes oficiales, a Pepe lo ponían con Suárez, para que fuese aprendiendo a imprimir tarjetas, recordatorios, etc.

A mi me mandaron para ayudar a Julio Camba, que era encuadernador o a Claudio el guillotinista.


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