miércoles, 17 de enero de 2018

QUIZÁ YO (7)

Pedro C. (7)

Los días fueron pasando, el verano se iba acabando, y cada día era una novedad, ya que lo bueno y que mas me atraía de este oficio, era, que es creativo, los trabajos son individuales, empezabas con una idea y paso a paso, llegabas al producto final, cuando entregabas al cliente lo encargado, era como el médico cuando entrega a los padres el hijo recién nacido, de la nada hasta el todo.

Cuando no había mucho trabajo, el señor Claudio en la guillotina, preparaba fardos de papel de periódico en blanco, mas o menos a cuarenta por cuarenta, en paquetes aproximadamente sobre veinte kilos. Era muy demandado por pescaderías y carnicerías.

Esto lo pagaban aparte, se aprovechaba los tacos de las bobinas cuando terminaba de imprimirse, el resto que quedaba se quitaba, Manolo “Trogen”, después José María y al final José Manuel, también alguna vez Adolfo, ellos cortaban las mantas, Claudio las cortaba en la guillotina y yo preparaba los paquetes, pesando y atando para su reparto. De lo que se sacaba, la mitad se lo quedaba la empresa, y la otra mitad se repartía en tres partes. Yo, al ser el mas joven, llevaba la menor parte, pero como se hacía en horas de trabajo y suponía un ingreso extra, era de agradecer, había meses que casi igualaba el sueldo.

Al año siguiente, ya era aprendiz de segundo año, se reincorporó Julio Camba, había estado haciendo el servicio militar, era encuadernador y guillotinista. Los encargos iban en aumento, por lo que decidió la empresa comprar una guillotina nueva, cuando llegó era una maravilla, tenía ciento quince de boca, células de seguridad, que si tenias las manos donde no debías la cuchilla no bajaba. Un lector digital de medida. El señor Claudio por su edad, próximo a jubilarse, se quedó en la vieja y Julio Camba se encargó de la nueva.

Al ir en aumento los encargos, cuando no tenía mucho que hacer en el manipulado, ayudaba o bien a Claudio o a Julio, moviendo el papel, preparándolo para entrar en maquina.

Por aquel entonces las maquinas de imprimir eran tipográficas, Una Neviolo, cincuenta setenta, dos Heilderberg de aspas, otra Neviolo, pero manual, en principio era automática, pero se le quitó el sistema de entrada y salida, convirtiéndola en manual, esta era de tamaño hasta treinta y cinco por cincuenta, y por último una manual pequeña, que se utilizaba para hacer los recordatorios, tarjetas y demás trabajos de poca tirada y tamaño inferior al folio.

Cuando había que hacer los carteles de las fiestas de Corpus en la ciudad, eran diseños de pintores locales ya conocidos, Virxilio, Jaime o Fernando Quesada, Arturo Baltar, Prego de Oliver, Alexandro, etc. Era un parto muy esperado, la calidad con que se hacía, en cuatricomía y el hecho de ser la obra de un artista local reconocido.

La gente en la calle lo esperaba con expectación, era muy solicitado, como si fuese el dibujo original, incluso aumentaba el trabajo para los que se dedicaban al enmarcado de cuadros, lo recuerdo como un acontecimiento social, siempre había el conocido que te pedía, si le podías conseguir dos, tres o mas carteles.

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