Pedro C. (9)
Aquel
año acabó de pasar sin pena ni gloria, al siguiente, por la edad,
nos llamaron para cumplir con el servicio militar, por entonces,
obligatorio.
Dos
años antes, cuando tenía diez y seis años, me presente para
realizar el servicio militar como voluntario, me llamaba la atención
el mundo de la aviación, hice un curso de mecánico de aviación por
correspondencia, en el Instituto Americano.
Había una escuela
militar de mecánico del ejercito del aire en León. Decidí intentar entrar.
Aceptaron
mi solicitud, pero había que hacer un examen de ingreso, para ello
me dieron instrucciones, de que me pasase por el gobierno militar, para
recoger la documentación necesaria para desplazarme, hasta la base
aérea en Virgen del camino, a las afueras de León, donde a partir
de mil novecientos noventa y dos, comparte sus pistas con el
aeródromo comercial de León.
El
día señalado llegué a León, en el andén había unos militares de
uniforme azul, tenían unos letreros con la indicación de aquellos
que llegaban para desplazarse a la base aérea, se aproximasen a
ellos. Así lo hice, uno de ellos llevaba un listado, donde
comprobaba tus datos, así que consideraron que ya estaban los que
esperaban, nos indicaron que les siguiéramos.
Fuera
había dos autocares del ejercito, subimos, después de media hora
mas o menos entramos en el cuartel.
Nos
pusieron en el patio en fila, pasaron de nuevo lista y a continuación nos
asignaron diversos dormitorios, cada uno teníamos una cama con una
taquilla metálica al lado, para guardar los efectos personales,
Eran
sobre las seis de la tarde de un mes de mayo, nos sacaron del
dormitorio, y en fila de a uno íbamos entrando en la enfermería por
una puerta y salíamos por otra, Nos pesaban, median, auscultaban el
pecho y la espalda, la boca y nos hacían preguntas sobre si habíamos
sido operados de algo, o si tomábamos algún medicamento, en fin, lo
normal en un chequeo superficial, supongo que si luego pasas el
examen y antes de entrar definitivo te harán otro mas extenso.
Entre
unas cosas y otras, ya eran las nueve y fuimos pasando al comedor,
nos pusieron, sopa y tortilla de patatas, luego repartían café con
leche para el que lo quisiese. Sobre las diez y media, ya estábamos
listos para dormir, antes de apagar las luces, nos dijeron que
procurásemos descansar, que a las siete y media de la mañana, nos
pondrían en pié.
Al
día siguiente, como habían dicho, a las siete y media entro un
militar gritando que teníamos veinte minutos para asearnos, a
continuación, diez minutos para acabar de prepararnos y todos al
patio, para entrar juntos en el comedor para desayunar.
Como
buenamente se pudo, conseguimos mojar la cara para espabilar, poco
mas, ya todos vestidos y en fila en el patio.
Entramos
en el comedor, teníamos café con leche galletas maría y un bollo
de pan, había que desayunar rápido, a continuación tendríamos el
primer examen.
A
las nueve y media, entramos por apellido en la sala donde haríamos
el examen, era uno de los hangares de la base, seríamos alrededor de
quinientos mas o menos, vi que alguno ya era conocido por los mando
del cuartel, luego supe que eran hijos de oficiales del cuerpo que
querían seguir los pasos de sus progenitores.
El
primer examen era tipo tes, con preguntas relacionadas con el mundo
del motor y la aviación, era muy básico, se centraron en los
motores de combustión y el manejo de las
Pipers o Canadians.
Entre
unas cosas y otras, ya eran las doce de la mañana, nos dieron libre
hasta la una y media, que deberíamos volver a formar en el patio
para entrar en el comedor para la comida.
Al
medio día nos pusieron de primero lentejas y de segundo pollo asado,
ya venía troceado, alguno iba de listo y pedía la parte del pollo
que quería, a cada uno le tocaba lo que le tocaba y listo, si o si.
A
las cuatro de la tarde, volvimos a entrar en el hangar para el
segundo examen, este era de cultura general. También fue tipo tes,
había treinta preguntas con diversas opciones de respuesta, y otras
preguntas, había que desarrollar la respuesta.
Contesté
a todas, aunque tengo que reconocer que alguna fue por intuición, no
por que supiese a ciencia cierta la respuesta.
A
las siete de la tarde, estábamos todos en el patio, dijeron una
lista de aspirantes que pasasen a recoger sus pertenencias y en media
hora se aproximasen a los autocares, estos tenía tren para marchar
ya, los demás teníamos que esperar al día siguiente.
Al
día siguiente, a las once de la mañana salía mi tren con destino
de vuelta, el resultado de los exámenes me lo comunicarían por
correo.
Con quince días mas o menos, me llegó la carta del ejercito del
aire, en ella me decían que había aprobado los diversos exámenes,
pero fuera de plaza, esta era de sesenta y ahora me acordé de que
había aspirantes que tenían cierta preferencia por el parentesco
con el cuerpo. También me decían, que si quería volver a
intentarlo el próximo año, no tenía que cubrir ninguna solicitud,
simplemente, comunicarles mi intención y llegado el momento me
facilitarían la documentación para volver.
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