domingo, 23 de octubre de 2016

ORGULLOSO DE MIS RAICES

Pedro C.

Vuelven a mis recuerdos, situaciones del pasado. Que recuerdos. Con el paso del tiempo, te das cuenta lo importante que son los momentos de la infancia.

Aquellos años, marcan un poco tu carácter, luego lo vas acomodando a las circunstancias de la vida. Mis mejores y mas lejanos recuerdos, son los veranos que pasaba con mis abuelos en Astorga.

El primer flas de la memoria, es ir con una de mis tías, todavía estaban las dos pequeñas solteras, a llevarle la comida a mi abuelo, por aquellos tiempos aún trabajaba, era a las afueras de Astorga en una obra, no recuerdo mas.

Mi abuelo, para sujetar los pantalones, usaba un fajín negro, me decía, coge por esa punta, y sujeta con fuerza, yo tendría seis o siete años, él se separaba hasta que la pieza de tela quedaba tensa, entonces venía hacia mí dando vueltas, así se enrollaba a su cintura, cogía mi extremo y lo sujetaba, metiéndolo por debajo. 

La leche que se tomaba en casa, se compraba a unos vecinos que tenían vacas, era natural cien por cien, había que hervirla para asegurarse su correcto consumo. Aquella leche, al hervirla, dejaba por encima una ligera capa de nata, por la tarde, me sentaba en una pequeña banqueta de madera en el patio, y mi abuela me daba una rebanada de pan untada con aquella nata y un poco de azúcar por encima, que placer ahora al recordarlo, cuanto lo hecho de menos.

En la parte de arriba del patio, este tenía dos alturas, mis abuelos tenían  gallinas y conejos. Los huevos se recogían a diario.  De vez en cuando se mataba un pollo o una gallina, para el consumo. Me llamaba la atención, cuando se le cortaba la cabeza y durante un rato seguían moviendose, en una ocasión se escapó el pollo después de cortarle la cabeza, este empezó a dar piruetas por la cocina, puso todo perdido.

Los conejos de vez en cuando también se sacrificaban, estos era de un cachetazo detrás de las orejas, cogiéndolos por las patas trasera. Cuando se aseguraba de que había muerto, se les quitaba la piel, luego íbamos al negocio de un señor, que compraba las pieles.

Estos y mas recuerdos que se agolpan en mi disco duro, afloran ahora por la reunión de familia que vamos hacer. Volver a Astorga, ver a tíos primos y demás descendientes, todos, de aquellos abuelos de los que tengo tan buenos recuerdos, toca un poco la fibra sensible.

Espero que no se quede en un día, si no que sea un principio de mas momentos, pues como inicié la página de Facebook, así termino este texto:

Los Cañedo, tenemos unos genes especiales, y estamos orgullosos de nuestros orígenes.
Empezamos un camino en común. 
Un futuro sin volver a perder contacto. 
Un intercambio de sentimientos, recuerdos y proyectos.



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