Pedro C.
Hay momentos que marcan tu paso por la vida. En mi época laboral, que es de lo que os voy hablar, como comprenderéis hubo bastantes, después de mas de cuarenta años en las trincheras.
Cuando llevaba tres años de aprendiz, ya trabajaba solo en la guillotina,y como me habían prometido, solicité la categoría de oficial de tercera. Me la negaron, por lo que les comuniqué que dejaba de asumir responsabilidades que no me correspondían- La respuesta de la empresa fue, aceptas lo que te mande hacer el jefe de taller o te vas para casa, seguí trabajando.
Años atrás, cuando volvió Julio Camba del servicio militar, vi como se desenvolvía en el manipulado y la encuadernación. Era un artista, había aprendido el oficio en los entonces cursos del PPO. Todos los años había un concurso a nivel nacional, en una ocasión en la que participó él, quedó segundo en la final nacional detrás de un marroquí, residente en Ceuta. En la especialidad de encuadernación artística. Con él aprendí a desenvolverme con soltura en el arte de la encuadernación, el manipulado y la guillotina.
Recuerdo que teníamos que preparar el informe anual de la Caja de Ahorros de Ourense, Carlos Quesada era el diseñador y coordinador, había elegido un estucado mate de bastante gramaje para el interior, así como otro de mayor gramaje para las tapas.
De la manera que querían la encuadernación, a diente de lobo, se soltaban las hojas, debido al grosor y peso de el material, no se ponían de acuerdo, de como solucionarlo.
Era sábado por la tarde, estaba solo, adelantando el encarte, tenía pensado marcharme a las siete, me quedé un rato mas, prepare un ejemplar con hojas en blanco del mismo material que el original. Puse cuatro grapas en el lomo, en la portada, además de las hendiduras del grosor, le hice otras dos en sentido contrario a medio centímetro, encolé el lomo y una cinta de medio centímetro, encima de las grapas, por delante y por detrás. Coloqué la portada y lo dejé secar hasta el lunes. Al llegar por la mañana, lo primero que hice, fue recortarlo, al ver el resultado, quedé satisfecho.
Aquél lunes por la mañana, se lo presenté al encargado, Carlos Ordoñez Rubio, no me dijo, ni bien ni mal, pero que se lo enseñaría al cliente. Fue aceptado y utilizado el mismo sistema en diversos trabajos posteriores. Nunca me dieron las gracias.
No tuvieron la picardía de registrarlo como patente, así fué utilizado en diversos trabajos llevados a cabo por otras empresas.
En fin para mi fue la satisfacción, el saber que alguien tenga en su casa alguno de mis trabajos.
Cuando llevaba tres años de aprendiz, ya trabajaba solo en la guillotina,y como me habían prometido, solicité la categoría de oficial de tercera. Me la negaron, por lo que les comuniqué que dejaba de asumir responsabilidades que no me correspondían- La respuesta de la empresa fue, aceptas lo que te mande hacer el jefe de taller o te vas para casa, seguí trabajando.
Años atrás, cuando volvió Julio Camba del servicio militar, vi como se desenvolvía en el manipulado y la encuadernación. Era un artista, había aprendido el oficio en los entonces cursos del PPO. Todos los años había un concurso a nivel nacional, en una ocasión en la que participó él, quedó segundo en la final nacional detrás de un marroquí, residente en Ceuta. En la especialidad de encuadernación artística. Con él aprendí a desenvolverme con soltura en el arte de la encuadernación, el manipulado y la guillotina.
Recuerdo que teníamos que preparar el informe anual de la Caja de Ahorros de Ourense, Carlos Quesada era el diseñador y coordinador, había elegido un estucado mate de bastante gramaje para el interior, así como otro de mayor gramaje para las tapas.
De la manera que querían la encuadernación, a diente de lobo, se soltaban las hojas, debido al grosor y peso de el material, no se ponían de acuerdo, de como solucionarlo.
Era sábado por la tarde, estaba solo, adelantando el encarte, tenía pensado marcharme a las siete, me quedé un rato mas, prepare un ejemplar con hojas en blanco del mismo material que el original. Puse cuatro grapas en el lomo, en la portada, además de las hendiduras del grosor, le hice otras dos en sentido contrario a medio centímetro, encolé el lomo y una cinta de medio centímetro, encima de las grapas, por delante y por detrás. Coloqué la portada y lo dejé secar hasta el lunes. Al llegar por la mañana, lo primero que hice, fue recortarlo, al ver el resultado, quedé satisfecho.
Aquél lunes por la mañana, se lo presenté al encargado, Carlos Ordoñez Rubio, no me dijo, ni bien ni mal, pero que se lo enseñaría al cliente. Fue aceptado y utilizado el mismo sistema en diversos trabajos posteriores. Nunca me dieron las gracias.
No tuvieron la picardía de registrarlo como patente, así fué utilizado en diversos trabajos llevados a cabo por otras empresas.
En fin para mi fue la satisfacción, el saber que alguien tenga en su casa alguno de mis trabajos.

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